Por Dr. Stephen D. Morris. Publicado en La Silla Rota.

La elección de EE.UU. lleva más melodrama que una telenovela. Por días, muchos esperábamos con ansiedad saber los resultados. En medio de la pandemia, la mayoría de mis compatriotas rechazaron el fascismo votando por Biden: una persona del establishment con larga trayectoria. Hoy, el drama continua en algunos estados donde se siguen contabilizando los votos; así como las litigaciones y acusaciones de fraude. La gran mayoría de jefes de estado ya han extendido sus felicitaciones al presidente-electo por su victoria, incluyendo los líderes de Reino Unido, Francia, Alemania, Israel, entre muchos otros, pero no López Obrador en México. Su ausencia en esta lista llama la atención.

El argumento principal del presidente López Obrador – a quien tengo muchísimo respeto y comparto sus ideas políticas – es que se está a la espera de que concluya todo el proceso legal antes de felicitar a Biden. Señala no solo el principio diplomático de la no intervención en los asuntos internos de otros países (¿felicitar a alguien es intervención?); adicionalmente, argumenta que aún se siguen contando votos y que los procesos legales para certificar los resultados no han terminado, ni la litigación de Trump. Mientras algunos de sus leales ven su espera como honorable, muchos lo han criticado en ambos lados del rio; incluso tres diputados estadunidenses quienes representan a muchos mexicanos en Estados Unidos.

“No hagas nada bueno que parezca malo”. En este caso, desafortunadamente, titubear y quedarse callado da la impresión de que AMLO está al lado de Trump. Su posición, aunque noble y basada en principios, sugiere que tal vez, a pesar de la falta de pruebas contundente, Trump tiene la razón y que, si hubo fraude en la elección no solo por parte de los Demócratas, sino una por una gran conspiración por parte de muchos estados incluso algunos donde la elección fue dirigida por gobiernos Republicanos y los jueces ahora quienes fallan en contra de Trump.

Como víctima de fraudes electorales en México en el pasado, la espera de López Obrador invita a ver a Trump como una víctima del fraude electoral, luchando contra su PRI o el PAN gringo (no obstante, a que los Republicanos controlan el gobierno federal y la mayoría de los estados). Su silencio está dando cuerda, creando simpatía aquí hacía un presidente claramente anti-mexicano, racista y derechista; está brindando credibilidad a las ilusiones de una persona que tiene una larga historia de mentir.

Cabe recordar que Trump nunca aceptó los resultados de la elección de 2016 que ganó, explicando que votaron tres millones de “ilegales” mexicanos (los violadores, asesinos, y traficantes) por Clinton, así dándole a ella la mayoría en el voto nacional. Incluso antes de la elección actual Trump dijo que si no ganaba el voto sería porque hubo fraude. O sea, él tenía programada su estrategia en caso de su derrota; una estrategia que concuerda muy bien con su personalidad y su larga historia como mitómano.

A esta mala impresión se agrega el problema que muchos tuvieron con la decisión de López Obrador de visitar a Trump en julio pasado, durante plena campaña electoral. Aunque rechazó la crítica de esa ocasión, años antes López Obrador si criticó a su predecesor Peña Nieto por haber invitado y recibido al Trump candidato en México durante la campaña de 2016. Más aún, esta decisión parte de su felicitación a Evo Morales en Bolivia en 2019 inmediatamente después de la elección a pesar de alegaciones de fraude y antes de terminar de contar todos los votos o concluir el proceso legal.

En Estados Unidos normalmente, todos, incluso los candidatos, respetan los números y las fórmulas matemáticas utilizada por los medios nacionales para pronosticar los resultados finales de las elecciones. A raíz de estos, hay felicitaciones, concesiones y preparaciones para las transiciones. Mientras tanto, sigue el conteo y el largo proceso legal para certificar los resultados. Claro que los medios no determinan los resultados (nadie dijo que sí); ellos solo reportan el conteo de los votos oficiales, informan sobre cuantos votos faltan y, a raíz de esto, si existiese la posibilidad de revertir las tendencias. Si uno está ganando por 100,000 votos y solo falta 80,000 por contar, entonces en términos realísticos, ya hay un ganador.

Además, en los Estados Unidos los medios de comunicación también tienen el trabajo de investigar y documentar el fraude. Hay que recordar que el periodismo investigador lleva una larga historia en EE.UU. exponiendo la corrupción; Watergate, la guerra ilegal de Vietnam, el espionaje, entre otros casos relevantes. Sin embargo, en este caso, los medios pronosticaron la victoria de Biden; y no un gran fraude electoral como señala Trump.

¿Hasta cuándo, entonces? ¿Qué exactamente está esperando el presidente mexicano para aceptar los resultados y felicitar a Biden, con quien tendrá que tratar el resto de su sexenio? Si López Obrador este esperando la conclusión de todo el proceso legal para certificar los resultados, entonces será hasta la primera semana de Enero. Oficialmente, falta que i) cada estado certifique el voto; ii) que cada estado reconozca y certifique la planilla de electores al colegio electoral; iii) que los electores expresen su voto dentro de su estado (14 de diciembre de 2020); iv) que el estado mande el voto de sus electores a Washington; y v) que el congreso cuenta oficialmente los votos del Colegio Electoral para certificar al candidato ganador (6 de enero de 2021). Pocos saben bien estos procesos porque normalmente son automáticos y solo formales. El punto es que este proceso concluye a solo unas semanas antes de la toma de protesta del nuevo presidente.

Entonces, si López Obrador este esperando que Trump termine su batalla legal en los tribunales o su lucha política contra el supuesto fraude o que conceda su derrota, entonces quien sabe cuánto tiempo tardará. En EE.UU. hay un dicho que dice, “que uno puede levantar una denuncia contra un sándwich de jamón, pero no por ello quiere decir que va a ganar”. El hecho de litigar el proceso no quiere decir que haya algo sustancial. Hasta hoy, ni Trump ni su equipo han presentado pruebas contundentes que reviertan la ventaja que lleva Biden en cualquier estado y su record es las cortes es uno ganado y doce juicios perdidos.

Por otro lado, puede ser que Trump nunca admita su derrota. Pero en cualquier de estos dos casos, da la impresión que López Obrador está esperando a Trump para poder aceptar los resultados y felicitar a Biden, no al proceso.

Hay mucha corrupción estructural en el sistema político gringo y hay problemas de corrupción en el sistema electoral. Pero la gran mayoría de estos problemas se relacionan con formas de corrupción legales e institucionales, no el fraude electoral que imagina Trump en esta elección.

Los estados de la Unión Americana manejan las elecciones con equipos profesionales compuestos de gente quienes simpatizan con los dos partidos. Permiten observadores oficiales de ciudadanos y de los partidos. Permiten el recuento de votos bajo ciertas condiciones como veremos en Wisconsin y mi estado natal de Georgia. Cabe decir que, históricamente, ha habido recuentos oficiales que en la mayoría de los casos cambian el resultado solo por 300 o 500 votos como máximo, muchísimo menos que la distancia entre Trump y Biden en los estados. Las elecciones no están controladas ni por el gobierno federal ni por los partidos políticos. Siempre hay errores administrativos y pequeños fraudes individuales, pero nada al nivel necesario para afectar miles y miles de votos.

Sinceramente, nunca he entendido la relación que lleva AMLO con Trump. No entiendo si es ¿sincero y de respeto muto o de pura conveniencia? O si ¿es una relación que lleva un bully con otro a raíz de la finta de respeto? Como sea, la decisión de López Obrador de acudir al rincón de Trump en este momento tal vez está dañando su relación con muchos otros, particularmente muchos mexicanos en EE.UU. quienes votaron en su mayoría contra Trump. Más aún, el que López Obrador no comparta nuestra alegría por derrotar a Trump y el fascismo que representa, es algo sencillamente decepcionante.

Dr. Stephen D. Morris

Investigador y Coordinador del Laboratorio de la Documentación y Análisis de la Corrupción y la Transparencia, UNAM, y Colaborador de Integridad Ciudadana A.C. @sdmorris4 @integridad_AC http://www.integridadciudadana.org.mx/ 

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