Desarrollo comunitario

Adulterados


Por: Vladimir Juárez @VJ1204 Publicado en ContraRéplica


“Bebed porque sois felices, pero nunca porque seáis desgraciados”, GK Chesterton.

Hacía tres horas que había llegado del velorio, recostado sin poder concebir el sueño, empezó con algunos escalofríos que pronto —en cuestión de minutos— se convirtieron en una fiebre causándole asfixia, mareos y pérdida del conocimiento.

Por separado, tres o cuatro personas más presentaban los mismos síntomas. Unos con más suerte, lograron pedir auxilio. A todos les fue imposible desplazarse, pues no solo los mareos repentinos y punzantes les impidieron caminar, sino que era aquella detonación desde las entrañas lo que verdaderamente les paralizaba.

Familiares y amigos no dieron crédito a lo que sucedía, en tan solo unas horas de la noche: uno tras otro empezó a morir. El rumor empezó a esparcirse: las primeras versiones apuntaban a que el cuerpo velado era portador del #Covid-19.

Sin embargo, no hubo autoridad ni forma de corroborarlo. Los usos y costumbres dilapidaron toda posibilidad de confirmarlo, pues en aquellas regiones de la sierra norte de Puebla a los muertos se les reza, se les extraña y se les entierra entre llanto, café, música, pan, flores y “aguardiente”.

Tres días después, las autoridades municipales convocaron a la población a una faena (actividades para atender servicios comunitarios como limpia de caminos, fuentes de agua…). Un par de decenas de hombres y mujeres acudieron a la convocatoria sin atender precaución sanitaria alguna, lo que llevó a que al terminar la jornada se organizaran grupos de convivencia.

No faltó quien, en un acto “de compañerismo”, repartió algunos tragos de “refino” a propósito del 10 de Mayo. Pocas horas después, terminadas las amenidades, murió una decena de personas en situaciones similares a la primera tragedia.

Quienes tuvieron la oportunidad de ser auxiliados con remedios caseros dieron la alerta; informando que el común entre muertos y sobrevivientes era la ingesta de la bebida alcohólica conocida como “refino”, la cual es muy común en la zona y puede ser conseguida por niños y adultos a un costo de 17 pesos por litro (mayoreo) y a 25 pesos (menudeo).

Sin duda, la falta de autoridad, de servicios médicos y de oportunidades, así como la desinformación, pero particularmente la marginación y el alcoholismo son las grandes causantes de esta tragedia sin precedentes.

Las bebidas adulteradas con “metanol” (utilizado para la elaboración de anticongelantes y disolventes) tienen la característica de que, con tan solo 30 mililitros de su ingesta (menos de un caballito/shot), trae consecuencias inmediatas como disturbios visuales, dolor abdominal, vómito e inconciencia. Y en dosis mayores: coma, paro respiratorio, ceguera, convulsiones y muerte.

Es probable que un suceso como este hubiese quedado aislado ante la infodemia del Covid-19. Lamentablemente, a los decesos en Puebla (70) se sumaron en Jalisco (42), Yucatán (7), Morelos (18) y Veracruz (2). En total, más de 130 muertes y casi el doble de personas con consecuencias crónicas en su salud.

Sin embargo, fuentes consultadas por esta columna revelan que este suceso, particularmente en el municipio de Chiconcuautla, Puebla, devela problemas estructurales en comunidades con alta presencia indígena; por un lado, el alcoholismo y sus consecuencias socioeconómicas, pero al mismo tiempo; la tragedia apunta a las autoridades municipales que han sido permisivas en la venta de alcohol sin control o medidas sanitarias; incluso, de alentar mercados clandestinos como el huachicol, la tolerancia de transportistas piratas en la zona y la confabulación con grupos políticos ligados a antorcha campesina.

Esta columna exhorta a autoridades federales y estatales a llegar hasta las últimas consecuencias de este crimen, pues la respuesta no puede quedar en los tres mil pesos que ofreció el municipio como apoyo para comprar el féretro.

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