Desarrollo comunitario

Crisis de información


Por: Vladimir Juárez @VJ1204 Publicado en ContraRéplica


…el poder no tolera más que las informaciones que le son útiles. Niega el derecho de información… que revelan las miserias y rebeliones”, Simone de Beauvoir

Uno de los principales legados de esta pandemia serán los nuevos alcances de la comunicación política mediante el uso de datos, estadísticas, gráficos y tablas comparativas como herramientas de visualización para explicar a la población en general —así como a retractores y medios de comunicación—, las acciones más elementales o complejas que deben ocurrir y que determinan la vida cotidiana de millones de ciudadanos que se encuentran atentos a la descarga de la numeraria diaria y los pronósticos que de ellos emanan.
La contingencia sanitaria también aceleró un enroque en la utilización de las herramientas de comunicación gubernamental del gobierno federal: “las benditas” o “malditas redes sociales” —según convenga— pasaron a un tercer plano, dando paso a las televisoras tradicionales como medios de comunicación privilegiados por su capacidad, alcance, y sobre todo, por la facilidad con la cual es posible comunicar “una sola veracidad” en una gráfica de barras, de campana, de pastel, por sectores o bien en una tabla comparativa, un cartograma (mapa coloreado), o sencillamente, un porcentaje con respecto al resto de los países.
Una primera conclusión de este nuevo “reordenamiento informativo” es que, en un estado de emergencia, donde la confianza de los ciudadanos hacia las autoridades y la información fidedigna es vital; los fenómenos de las fake news, de la infodemia y de la hiperinformación, lograron agotar el uso constante de las redes sociales para que las personas se informen con veracidad y credibilidad.
Las televisoras en México han recobrado su preponderancia comunicativa dando un giro a los hábitos de consumo informativo registrados en 2019; donde en el tema de la “confianza”, los lectores habituales de noticias preferían las publicaciones digitales, seguidos por las redes sociales, la televisión y la radio (In News We Trust-Teads): con lo cual es esperable que en 2020 sean estos medios los mayormente beneficiados en el gasto total de comunicación del gobierno federal, que tan solo para 2019, representó el 30 por ciento de la inversión total con 436 mdp. (concentrándose en TV Azteca y Televisa, #Artículo19).
Ante esta nueva realidad mediática que privilegia a las televisoras y las herramientas de visualización gráficas por encima de las narrativas, los testimoniales o los análisis, también es perfectamente observable que cada día es más constante encontrar datos oficiales, pero “quiméricos”, el “maquillar” aparentemente las cifras, el destacar poco la numeraria del drama, el negar desde la estadística, datos e información pública de los portales de internet gubernamentales o de fuentes internacionales.
Quienes hemos tenido la oportunidad de adentrarnos en el mundo de la estadística, bien sabemos que “los datos siempre son aproximaciones sujetas a un cambio continuo, a conjeturas racionales basadas en la observación, en la experimentación, en las fuentes diversas”; y suelen estar rodeados de niveles de incertidumbre que hay que explicar con una interpretación del porqué de las conclusiones y la toma de decisiones en las políticas públicas.
No obstante, los “otros datos” que se erigieron como una forma nueva de gobernar en México no solo debelan inconsistencias graves en el derecho, el acceso, en la calidad o falta de la información, en la transparencia, si no que imponen una narrativa donde las víctimas de la violencia familiar, los feminicidios, el desabasto de insumos y medicamentos, la letalidad del #Covid19mx, el desempleo, “las miserias y rebeliones”, son realidades paralelas que pronto desaparecerán de la televisión y las estadísticas, pues son factores de crisis de información. Tal vez, en ello se funda aquella frase que dicta: “No crean que tiene mucha ciencia el gobernar”.

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