Desarrollo comunitario

De la masculinidad tóxica a lo mortal



 

“Estas palabras van para ese niño descuidado, enojado, al que le pusieron pocos límites, que vive en todos nosotros. Hijo; tus padres te dieron la vida, pero aquellas relaciones tóxicas que te inculcaron no es tu responsabilidad repetirlas, tú puedes ser otro. Tú puedes ser tú.”

—Rubén Albarrán

Año tras año en México se registra al alza la tasa de homicidios violentos. De forma consecutiva vemos cómo a pesar de las promesas del Estado los índices de violencia se superan día con día. Ante este escenario, se enfrenta la niñez y juventud mexicana, quienes tristemente se ven sumergidos por el entorno en el que les tocó vivir.

Mucho tiene que ver el ambiente donde se desarrolla una persona con su comportamiento, por ello el acontecimiento del pasado 10 de enero, donde un niño de 11 años decidió disparar contra profesores y compañeros, para después quitarse la vida, no debe de pensarse como un hecho aislado, sino como un síntoma de la violencia que vive el país.

Al hablar del caso “Torreón” quiero no solo intentar comprender el porqué de esta situación, sino también darle otra cara al porqué los mayores afectados por la violencia son hombres. Pues son ellos las víctimas y victimarios más comunes de delitos en México.

Es fundamental relacionar el tema de la masculinidad tóxica con la violencia, entendiendo este concepto como la normalización de comportamientos en el hombre tales como el poder, el dominio, la represión emocional y la agresión, de hecho, este último ha sido legitimado como “prueba” de masculinidad.

Bajo esta lógica nos enfrentamos a una realidad donde el hombre no puede salir de aquel estereotipo, pues vive inmerso en un ambiente machista, que solo genera que desarrolle problemas psicológicos, tales como depresión, estrés o ira destructiva.

El acontecimiento en Torreón nos ayuda a ejemplificar cómo un varón en lugar de trabajar sus sentimientos y emociones hacia soluciones constructivas se ve orillado a expresarse mediante una actividad violenta. Pues de llegar a intentarlo de manera distinta es rechazado por su mismo entorno.

Entenderlo así es fundamental para comprender que un suceso de tal magnitud no se debe a un videojuego, sino que se trata de diferentes niveles de violencia, el primero sería el ambiente social, el segundo el entorno familiar y por último la masculinidad tóxica.

Ante la violencia cada vez más cotidiana, es trascendental que concienticemos que el sistema patriarcal y las actitudes machistas en las que nos desarrollamos nos están costando la vida, seguiremos reproduciendo el patrón sin lograr un cambio real. Y eso no podrá lograrse si no formamos cambios y transformaciones culturales.

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