Desarrollo comunitario

De vuelta a la “normalidad”


Por: Vladimir Juárez @VJ1204 Publicado en ContraRéplica


“Se puede llevar por mal camino a toda una generación, volverla ciega, conducirla hacia una locura y dirigirla hacia un falso objetivo. Napoleón lo demostró”, Alexander Herzen.

Prácticamente todos anhelamos el reencuentro y el regreso a la normalidad. Remembramos regresar a los espacios públicos, a los cines, a los centros comerciales, a los cafés, a los restaurantes, a las plazuelas, a los templos, a las oficinas o a los negocios.

Como país son tantas las lecciones que podemos aprender de la segunda contingencia sanitaria del siglo y; sin embargo, la permanencia de cada una de estas lecciones pende de lo que hagamos o dejemos de hacer a partir de este momento con la población más vulnerable.

En otras palabras, de cara a la “nueva normalidad”, tenemos de frente una crisis económica brutal que, de acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval); arrojará a más de 10 millones de mexicanos que pasarán de pobreza, a pobreza extrema. Además de que poco más de 4 millones de connacionales descenderán de la clase media hacia la pobreza. Ante esta vorágine que se avecina, es vital el impulso de grupos poblacionales que, por su propia vulnerabilidad histórica, están a la deriva.

Es el caso de la juventud; el desastre generacional que se avecina es terrible no solo porque son generaciones “acinadas” en el tiempo por las crisis económicas y el nulo crecimiento, si no por la incertidumbre que les ocasiona que las propias estructuras laborales existentes se opongan férreamente a una rotación que les permita el acceso y la estabilidad laboral necesaria para las nuevas generaciones. Aunado a la carente inversión privada que depende de que haya demanda y prevalezca la confianza (público-privado) para generar empleos; de las cuales, nuestro país adolece.

La contingencia sanitaria ha acentuado un duro golpe de proporciones inimaginables para el futuro de millones de jóvenes en México y cuyas secuelas pueden ser mucho más graves que el propio Covid-19; pues “El Gran Confinamiento” condenó el porvenir de una generación que, paradójicamente, es la de mayor información y preparación educativa en los últimos años, pero a la vez es la peor pagada, tiene nulas posibilidades de crecimiento laboral y sus sueldos son insuficientes o sencillamente se encuentran desempleados.

La posibilidad de una pensión, de incorporarse al mercado de la vivienda, de acceder a créditos o servicios médicos, de aspirar a alcanzar el ahorro o la posibilidad de jubilaciones y pensiones, si antes eran fugaces, después de la pandemia serán inexistentes. Esta situación somete a los jóvenes a la dependencia, a altos niveles de estrés y ansiedad, pues esta realidad los lleva a convertirse —con altas probabilidades— en personas adultas mayores pobres.

Ante la profunda crisis económica que se avecina, esta columna hace votos por continuar con las medidas de Sana Distancia y de higiene en áreas públicas, así como seguir el plan de retorno de manera escalonada a actividades económicas esenciales para dejar atrás “El Gran Confinamiento”.

Sin embargo, los Otros Datos también exigen la inclusión inmediata de políticas públicas que aborden cada uno de los temas esenciales del Estado con un fondo de proyección de largo plazo; porque el mundo cambió, pero hasta el momento éste se niega a brindar las posibilidades para que las generaciones de jóvenes puedan recuperar socialmente el esfuerzo que han realizado para obtener los conocimientos, las habilidades y las capacidades para convertirse en profesionales o emprendedores, y así, dejar de ser una población vulnerable.

Vladimir Juárez
Colaborador de Integridad Ciudadana A.C. @Integridad_AC @VJ1204

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