El sinuoso camino anticorrupción en México

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Por: Vladimir Juárez @integridad_AC Publicado en Mexican Times


Hace 17 años México se ubicaba en el lugar 59 de poco más de 120 países en el Índice de Percepción de Corrupción, elaborado por Transparencia Internacional. Dicho de otra manera, nos encontrábamos en un punto intermedio en la escala mundial.

En aquel momento nuestro país alcanzó la alternancia (2000) bajo la consigna del voto útil y la promesa del combate frontal a la corrupción. De ahí que México inició un nuevo ciclo de reformas que buscaron democratizar la gestión pública, y sobre todo, hacerla rendir cuentas.

Así, por ejemplo, en el año 2002 se aprobó la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental, que dio origen al Instituto Federal de Acceso a la Información Pública (antes IFAI, hoy INAI). Dicha institución sería uno de los resultados esperados de la tan anhelada transición democrática.

Curiosamente, en esos dos primeros años de transición (2001-2002), se registró por primera y única, un descenso en la percepción de la corrupción en México; donde se descendió del lugar 59 al lugar 54, para posteriormente subir al lugar 57. No obstante, a partir de ese momento, México ha incrementado su posición hasta el lugar 123 que actualmente ocupa, de 176 países.

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De ahí que tampoco fue casual que el IFAI abordara en su primer esfuerzo editorial el tema de la corrupción (Corrupción: de los ángeles a los índices)[1].

Para 2008 hablar de corrupción significaba hablar de percepciones y nuevas metodologías para su medición, de programas sexenales fallidos como la “Renovación Moral de la Sociedad” de Miguel de la Madrid o de políticas de difusión como los “cineminutos por la corrupción”. O bien, de escándalos políticos y de lo aparentemente “irremediable”: la cultura política de la sociedad mexicana, traducida en una frase que justifica la corrupción de manera práctica: “todos llevamos un priísta dentro”.

Con el paso del tiempo, el IFAI tomó una senda distinta – para bien -, pues se encaminó a fortalecer el derecho de acceso a la información y protección de datos personales, pero también fue mucho más cuidadoso a la hora de aclarar las ideas generadas en el colectivo que pensó erróneamente que por sí misma la transparencia ayudaría a combatir y reducir la corrupción.

Al tiempo, pasaron 13 años para desasociar institucionalmente a la transparencia del combate a la corrupción, pues suele pensarse que son lo mismo y que actúan coordinadamente, pero en definitiva: son distintas. Si bien ambos conceptos son simbióticos, – pues se necesitan el uno al otro para justificarse, para alimentarse y reproducirse discursivamente -, también es cierto que su misión es distinta.

Por ello fue necesario reformar al Artículo 113 Constitucional, en materia de Combate a la Corrupción (mayo de 2015), así como la promulgación de la Ley General del Sistema Nacional Anticorrupción (2016) y de la Ley General de Responsabilidades, las cuales se pusieron como meta empezar a operar en su conjunto el pasado 18 de julio de 2017, sin que ello ocurriera así.

Hoy sabemos que la corrupción nos cuesta a todos más del 10% del Producto Interno Bruto, que es un impuesto regresivo que hace a los pobres más pobres y que vulnera el sistema económico, y que atenta contra el empleo formal.

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Sin embargo, los resultados esperados con esta nueva reforma están lejos de ser los esperados. México afronta una crisis de credibilidad institucional producto de varios frentes, pero sin duda, el tema de la corrupción es el más letal.

El sinuoso camino del Sistema Nacional Anticorrupción deberá perpetrar la indolencia de la clase política, la indiferencia de la ciudadanía; y la complicidad y simulación de los gobiernos estatales, que hoy no solo no presentan avances, sino que son retroactivos en sus sistemas locales anticorrupción. Así como trascender el desafío de la designación de los responsables y la dotación de recursos para su operación.

Hoy contamos con la experiencia que significó construir al INAI y el sistema nacional de transparencia, y sabemos de lo costoso que significará seguir simulando una vez más el combate a la corrupción.

Vladimir Juárez, Presidente de Integridad Ciudadana A.C. Twitter: @VJ1204 / @integridad_AC integridadciudadana@hotmail.com

El Financiero, “El costo de la corrupción en México en 3 gráficas”, http://www.elfinanciero.com.mx/economia/el-costo-de-la-corrupcion-en-mexico-en-graficas.html

[1] Ello sin demeritar los trabajo pioneros sobre el fenómeno de la corrupción publicados en 1998, 2000 y 2003, sucesivamente; “Corrupción y Cambio”, “Vicios públicos, virtudes privadas: la Corrupción en México” y “Medición de la Corrupción: Un Indicador de la Rendición de Cuentas”.

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