Desarrollo comunitario

La guerra que no fue


Por: Vladimir Juárez @VJ1204 Publicado en ContraRéplica


A Encarnación Juárez, por tu valía y enseñanzas: ¡Vamos por más!

“El miedo al exterminio mutuo [político o militar] siempre ha contenido a los actores internacionales”, Vladimir Putin.
Trump no irá a la guerra a menos que esta le garantice su reelección: A cuatro años de iniciada la gestión de Trump en Estados Unidos, el mandatario ha dejado tres características claras en su forma de gobernar: su “neo-diplomacia”, la beligerancia y la volatilidad de ejercer el poder desde Twitter.
El activismo de Trump con miras a su reelección ha sido constante e impredecible; su postura radical para tratar a sus aliados y vecinos lo ha llevado a posicionarse electoralmente haciendo lo “políticamente incorrecto”. No obstante, la postura de Trump ha sido distinta ante sus “enemigos”.
Veamos algunos ejemplos: desde su perspectiva latinoamericana, Trump ha optado por sumar simpatizantes promoviendo incluso crisis de derechos humanos en el tema migratorio (los niños migrantes en prisión son la imagen de sus intereses); su acoso a los países centroamericanos lo han llevado a nombrarlos como “hoyos de mierda”, teniendo como única consecuencia el someterlos a sanciones económicas y a obligarnos a aceptar que sean “tercer país seguro”.
La actitud beligerante de Trump para con México logró que en 2018 todos los partidos políticos —incluyendo al entonces candidato a la presidencia AMLO—, se unieran a favor de un mensaje de unidad para protestar formalmente ante la ONU por los insultos hacia México. La solución a este conflicto igual, un amago de sanciones económicas hasta que México movilizó a 25 mil elementos de Guardia Nacional hacia zonas fronterizas.
La volatilidad de sus posturas políticas ha hecho del presidente Trump un mandatario impredecible que demanda más atención en Twitter que a las posturas oficiales; sin embargo, el patrón de conducta beligerante de Trump es distinto cuando se enfrente a naciones poderosas como China, Rusia, Corea del Norte; e Irán no será la excepción.
Pues si bien en un primer momento Trump replica el mismo patrón estridente para forzar a una nueva relación y renegociación a conveniencia, también lo es que su postura ante iguales se mesura y se encamina hacia la salida de las sanciones económicas. Lo sucedido entre Estados Unidos y Corea del Norte es un claro patrón de ello.
Hoy, después de estas primeras acciones militares entre Estados Unidos e Irán, ambas naciones tienen claro qué es lo que más les conviene: formalmente se acercarán al artículo 51 de la Carta de la ONU (acción de legítima defensa), e informalmente darán inicio a nuevos conflictos armados en la región.
En otras palabras, y ya con las encuestas de opinión en la mano sobre cómo reaccionó su electorado al conflicto, Trump se inclinará por imponer sanciones económicas y exigir una nueva renegociación del pacto nuclear iraní. Y de paso, señalará a los demócratas.
En tanto, Irán logrará evitar una guerra convencional para llevar el conflicto a un asedio permanente hacia Estados Unidos. Irán ganará tiempo para reconfigurar el liderazgo que perdió con la muerte de Soleimani; su objetivo será aglutinar y coordinar las acciones de todas aquellas milicias que han sido afectadas. Al final, es una guerra que no será porque los simbolismos en ambas naciones son lo más importante, y eso, por fortuna, ya se consiguió.
Por todo ello, el rol que México juega para contener la migración hacia Estados Unidos cambia a máxima seguridad. Pues los otros datos nos indican que cualquier acto terrorista que pueda vincularse a nuestra frontera generará una crisis sin precedentes.

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