¿México está ayudando a la campaña de reelección de Donald Trump?

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Por: Stephen D. Morris @sdmorris4 Publicado en La Silla Rota


[En vez de dirigirme al tema de la corrupción como siempre, esta vez (quizá por ser gringo quien acaba de escapar del paraíso de Trump) quisiera compartir algo sobre la política exterior en la época de Trump.]

Como saben todos, uno no puede ganar un argumento con quien no razona lógicamente. De igual manera, al seguir utilizando la lógica diplomática, México (y otros países) caen fácilmente en las trampas de Trump. Pues permiten que él fije la agenda y que él defina el problema, y por ende, terminan siguiendo su política y sus objetivos.

El mundo ya aprendió el estilo de Trump. Como bien identifica Prof. Rafael Fernández de Castro en el Proceso del 9 de junio, el presidente norteamericano: a) empieza por fabricar una crisis — como su amenaza de imponer aranceles a México; después, b) exige algo del otro país para poder resolver la crisis; espera, c) el otro país al menos simula algunos cambios; y finalmente, d) Trump retira su amenaza; y lo más importante, e) Trump declara la victoria en los medios apelando a su base electoral.

Hay problemas con cada paso. Por un lado, por fabricar la crisis, Trump fija la agenda de los otros países y define la naturaleza del problema. A la fuerza, los países amenazados tienen que reaccionar y movilizarse para enfocar en el problema que ha dictado Trump y tienen que tratar el problema de su modo. En el caso más reciente sobre migración, Trump no solo declaró una emergencia, pero lo ha definido como un asunto de la Seguridad Nacional de los Estados Unidos. No se trata ni lo define como un problema humanitario o como un problema incluso ubicado en los países de Centro América: es un problema únicamente de seguridad en la frontera con México visto en términos de una invasión al país del norte.

A pesar de los nobles principios históricos de la política exterior de México y los intereses de AMLO, México y su gobierno no solo están enfocando a fuerza sobre el asunto de migración, sino tienen que tratarlo como un problema de seguridad. Por eso, la respuesta del gobierno a las amenazas de Trump se centra en una política basada en el control de su frontera sur, la interrupción de las caravanas, la deportación, y en ayudar a los Estados Unidos a controlar a la gente esperando su turno en el norte. En vez de poder definir el asunto como un problema humanitario, el gobierno mexicano tiene que responder con base en los términos dictados por Trump. Es así que el gobierno mexicano orgullosamente hace hincapié en cuanta gente han deportado en tan poco tiempo – suma que asciende a 80,537 migrantes entre diciembre de 2018 y mayo de 2019 – y promete deportar aún más; siendo su principal acción el mandar a la nueva Guardia Nacional a la frontera con Guatemala, ello con la finalidad de satisfacer a Trump a costa de una crisis humanitaria y de derechos humanos.

Por otro lado, Trump no ofrece nada substancial durante las negociaciones. En vez de ello,  solo retira su amenaza original para resolver la crisis y declarar la victoria. Una práctica muy parecida a la que sucede en las tiendas de descuento donde primero aumenta los precios en un 25% para después declarar un descuento por el mismo monto de porcentaje, es decir, para solo engañar al consumidor.

Guardando su marco conceptual del problema, Trump no cede en reconocer el problema humanitario de la frontera o de los países centroamericanos, ni se pone de acuerdo con el plan de AMLO en enfocar los esfuerzos de ayuda para los países centroamericanos. Lo cierto es que ante esta perspectiva internacional, al final de las negociaciones y las crisis, México no gana nada que no tuviera antes. Lo cierto, es que agrava la tensión respecto a los derechos humanos.

Pero quizá el problema mayor es que México (como otros países) está jugando el juego estratégico de Trump y  de esa manera ayudando a su campaña de reelección. Pues México hace lo necesario para terminar con las crisis impuestas, pero también deja que Trump declare su victoria, apelando a su base electoral y capturando los momentos mediáticos.

La apuesta de Trump, su estrategia, es la reelección, y México le apoya cada vez que deja que él declare la victoria o hace lo necesario para terminar con la crisis inmediata, lo que puede ser una estrategia de corto plazo – ceder a sus demandas para terminar el berrinche –  pero a la postre representa un gran riesgo de largo plazo.

Ahora tenemos al ejército de Estados Unidos a un lado de la frontera sur y la Guardia Nacional del otro, creando un muro humano armado, lo que le fascina a Trump presidente. Ante la crisis humanitaria que se vive en Centro América, esta acción es tanto como bloquear la salida de gente huyendo de un edificio en llamas o, peor, regresándoles a la fuerza al inmueble. En vez de trabajar para apagar el fuego (una política de ayudar a los países centroamericanos) o acomodarlos y salvar a los que quieren salir (permitirles el asilo) – lo que de verdad prefiere AMLO –, sin embargo México responde cediendo ante los berrinches de Trump.

Debe quedar claro que a Trump no le importa nada México ni los países centroamericanos; los utiliza solo para su actuación mediático y su campaña electoral. Aunque existen leyes que permite a la gente pedir asilo en los Estados Unidos, la nueva política de Trump es hacer todo lo posible para negarles este derecho y/o dejarlos en México en la sala de espera hasta quien sabe cuándo o forzar que México se convierte en “tercer país seguro.” Su lema es “primera América (sic)” y desafortunadamente México (y otros países) lo está ayudando a conseguirlo, esperando que lo puede convencer con sus buenas obras de que está haciendo las cosas bien y merecen no ser castigados por el bully. Pero esta lógica no funciona con él y el juego seguirá. México sigue utilizando la lógica con alguien que juega por reglas diferentes.

Al final de cuentas, por permitir que Trump determine la agenda, defina el problema y negocia en mala fe dispuesto solo a retirar sus amenazas, México está perdiendo soberanía e integridad y contribuyendo a la reelección a un presidente norteamericano que desprecia a México y los mexicanos. Si el objetivo de Trump es ganar la reelección, México tiene que seguir una política en ambos lados de la frontera de prevenirla. Si no, este juego que tanto perjudica a México seguirá por todo el sexenio del 4T.


Stephen D. Morris

Middle Tennessee State University

Integridad Ciudadana

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