Desarrollo comunitario

Ser de izquierda en tiempos de Covid 19


Por: Luis Alberto Escorcia @Integridad_AC Publicado en Gluc


Para mí la izquierda es ser de avanzada: es decir, buscar energías limpias como la solar, la eólica; buscar el agua como forma de generar nuevos modelos energéticos y dejar atrás el carbón y el petróleo cuidando el medio ambiente. Apoyar a las minorías y aceptar la diversidad sexual, la lucha de género, los derechos humanos y el aborto; buscar la manera de generar riqueza en los más vulnerables de México, grupos indígenas y sectores más pobres; en esos grupos y sectores construir más escuelas, de mejor nivel académico y llevar tecnología para que tengan acceso a internet y que no se queden en la prehistoria digital. Sobre todo, propiciar fuentes de empleo para que con trabajo superen su condición de pobreza.

Ser de izquierda es no adoctrinarlos en una ideología, sino enseñarles a buscar la ciencia y la tecnología. Fuera de religiones y corrientes ideológicas.

Para mí ser de izquierda en tiempos de pandemia es pensar en el México del 2100 y no en los siglos XIX o XX, para que nuestras generaciones futuras tengan una mejor vida; volver al pasado es ser retrógrada, buscando mantener el statu quo para beneficio personal. Ni siquiera lo denominaría conservador, porque ser conservador es mantener las situaciones como están, sin movilidad alguna.

En un mundo que cambia todo el tiempo, la mejor forma de avanzar es con los métodos de la ciencia y de la técnica. Cuando en Oaxaca se pongan a fabricar robots las clases más marginadas, y en Chiapas los niños aprendan a construir drones, estaremos en el camino correcto. De eso se trata.

Singapur, un país muy pobre a principios del siglo XX, hoy es de los países más desarrollados, lo mismo que Corea del Sur, China, Finlandia e India. Van bien. Nosotros desgraciadamente volvemos al adoctrinamiento. Creer en el Che y Castro en los 50 y 60 no fue malo, como el socialismo a principios del siglo XX. Pero en el siglo XXI seguir copiando modelos del pasado que han demostrado su fracaso, no nos hace una sociedad moderna ni democrática, sino una que quiere regresar, volver al obscurantismo.

En estos tiempos de confinamiento hemos podido observar que los seres humanos que habitamos en las ciudades nos hemos desconectado de lo natural.

La fascinación por lo industrializado nos ha vuelto una sociedad enferma, consumista y con tasas alarmantes de obesidad, hipertensión y de diabetes. A veces pierdo la esperanza de que la experiencia del COVID-19 nos lleve a nuevas formas de vida, más horizontales, más naturales, más sanas, de mayor respeto por los demás y por su entorno, de mejor conexión con el otro y con la naturaleza.

Si algo nos ha enseñado la pandemia es que, con independencia de los temas médicos que no son de mi competencia, la solidaridad humana y el propiciar el bien común son grandes herramientas para mitigar los efectos de este suceso inédito que nos obliga a repensarnos como especie. Estamos tan desconectados, tan desvinculados, somos tan individualistas, vivimos en la eterna competencia, que es oportuno voltear a las comunidades indígenas. Ellos se apoyan y tratan de salir adelante en comunidad, de acuerdo con sus usos y costumbres.

Curiosamente los municipios de la “esperanza” (con lo irónico que resulta esta expresión) que, a partir del 18 de mayo de 2020, podrían volver paulatinamente a las actividades, están tomando las cosas con un saben ellos hacerlo; no está de más decirlo que están conformados mayoritariamente por comunidades indígenas. Hay mucho que aprender de ellos. También es innegable que presentan grandes atrasos y carencias. Debemos combinar lo mejor de nuestras experiencias.

Los japoneses siguen tradiciones milenarias y usan computadoras y teléfonos inteligentes. Los habitantes de las ciudades nos hemos desconectado de lo natural, pero los de las comunidades rurales e indígenas no pueden privarse de la tecnología y la comunicación.

El siglo XX representó un fracaso en el desarrollo de la humanidad. Contaminamos todo y apostamos por el individualismo a costa de lo que sea, así que ahora debemos aprender a respetar a nuestro planeta, buscando el equilibrio.

En México no podemos contemplar que otros países se desarrollen, mientras gran parte de nuestra población esta marginada, olvidada, no educada y no integrada.

Ser de izquierda hoy es enseñar a pensar a la población a que busque su libertad, inclusive con el uso de tecnologías de información y comunicación (TIC), para amalgamar lo mejor de nuestras formas de vida, que hagan bien al ser humano, quien pretende coexistir armónica y naturalmente en su casa-mundo.

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