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El costo: lealtad a ciegas


Por: Vladimir Juárez @VJ1204 Publicado en ContraRéplica


Dos años de ContraRéplica: dos de no desistir a pesar de las tempestades; que su expansión y presencia sean fuente irrefutable de la libertad de expresión.

 

A Lav, porque pronto lleguen las palabras que quedaron pendientes; llegarán…, y entonces, todo tendrá sentido.

Conmemoramos 52 años de aquel crimen de Estado que significó la noche de Tlatelolco de 1968, una tragedia que eclipsó a la República. Y ante la cual, in memoriam, generación tras generación ha manifestado su apatía con solidaridad; protestando, marchando y exigiendo justicia para los caídos, pero también para los desaparecidos por el Estado.

En casi todos los aspectos, México ha cambiado desde aquel 2 de octubre que marcó un antes y un después de la lucha social, de la resistencia civil y que dio impulso a ideologías a la lucha armada en México. Desde entonces, México ya no ha sido el mismo.

A pesar de la herida del 68, y de las constantes laceraciones subsecuentes, México avanzó hacia la construcción de instituciones entre protestas y efervescencias, así como el despliegue lento de opciones que se agazaparon entre iniciativas políticas como partidos políticos clandestinos, de izquierda, centro y derecha que buscaron contener al partido hegemónico.

Del 68 a 2020, México ha cambiado tanto en todos los sentidos que es casi imposible compararlo; así, por ejemplo, la hoy titular de CNDH es familiar directo de Jesús Piedra, quien se convirtió en una víctima de la desaparición forzada de personas que habría llevado a cabo el gobierno de México en la década de 1970.

Y, sin embargo, a pesar de que las circunstancias son tan distintas y “favorables”, México vive una efervescencia social muy parecida a la de aquellos años entre movimientos sociales y protestas; y ni qué decir del récord de desapariciones forzadas que va en incremento o de las prácticas hegemónicas de una verdad política que se asume como única y que atenta contra la libertad del periodismo.

Tal vez lo que pareciese tan lejano y relativamente superado, hoy se encuentra en una conjetura de negarse a aceptar; la existencia de la violación garante a los derechos humanos, de la intolerancia a movimientos sociales tan legítimos como la búsqueda de los desaparecidos; de tachar a quienes buscan un camino institucional para la justicia transicional o bien ante la lucha por el reconocimiento de la gravedad en la que las mujeres han denunciado los feminicidios en México; temas que han puesto, sin miramientos, a la alternancia política como un gobierno incapaz o inepto para satisfacer un conflicto social mucho más profundo, violento y que se muestra peligroso para las instituciones democráticas que dieron origen a esta transición.

Y el cual, ante los cuestionamientos, responde que para llegar a los resultados en las políticas públicas es necesaria una “Lealtad a ciegas”; y si ese es el precio que hay que pagar, yo me pregunto ¿Quién está dispuesto?

DE LA TREMENDA CORTE…

“Yo me deslindo”, dijo el clásico desde Palacio… hoy será el día donde AMLO intentará endilgarle a la Corte la responsabilidad de juzgar a los expresidentes de México; hay que decirlo como es, estamos frente a las responsabilidades de creer y cuidar a las instituciones o ante los caprichos de un político al que solo le interesa el proyecto 2021. La Corte vela por la Constitución y los derechos humanos. Lo ha hecho antes, y lo hará hoy; con solidez, con criterio, con independencia, no solamente debe ser por una amplia mayoría de los magistrados; la SCJN debe resolver apegada a la Constitución que está por encima de la política.

De colofón (RIP):

“Y digo yo, ya que es tanto lío cambiar las estructuras… ¿no se podría por lo menos darles una pintadita? ¿o ni eso?”

-Mafalda

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