COMUNICACIÓN Y GOBERNANZA


Por: Magdiel Gómez Muñiz @magdielgmg Publicado en ContraRéplica


El mundo de lo digital deja atrás lo que el día de ayer fue novedad. Bajo esta premisa, las demandas de la sociedad deben ser atendidas con una mayor velocidad y efectividad, de lo contrario se dan las condiciones para que se haga visible el fantasma de la ingobernabilidad.

En materia de resolución de conflictos, y dar solución a demandas sociales es que el ciudadano sin rostro se reorganiza con otros semejantes en busca de satisfacer necesidades que requieren ser atendidas por parte de la autoridad. Hay un rebase natural entre el deber ser y la realidad política en los espacios públicos.

Ante la baja representación política y los desafíos de la velocidad; se materializa un elemento que significa la piedra angular y la razón de ser de los gobiernos: la nueva agenda urbana, que debe considerar algunas variables para la gramática de la inclusión, calidad, transparencia y de rendición de cuentas, solo así producir factores determinantes en el tenor de establecer los equilibrios de poder y cuestionar la utilidad de relaciones sanas entre gobernante y gobernado.

Se sabe que estos temas de lo digital requieren de una nueva composición social, obligan a la creación de alianzas y una cultura de la mediación y de la paz colectiva. El homo-digitalis perteneciente a una sociedad líquida baumaniana, se mantiene expectante a respuestas y no a excusas, en los resultados que los desafíos del día a día se suman a lo cotidiano. Si bien es cierto que hay más apertura al diálogo, también es cierto que se va creando una tendencia a depender cada vez menos de las figuras de poder instituidas.

Hoy no queda claro (al menos por los tomadores de decisiones) que la sociedad ha despertado y que, no está dispuesta a esperar al Godot que nunca llega. Renovarse o morir debe ser entonces el debate público en el que, las instituciones responden a una nueva composición social.

Además de lo anterior, figuras como sindicatos, asociaciones, organismos de la sociedad civil y partidos políticos, requieren de visiones cortoplacistas que no sean subproductos de alienación política descontextualizada. De ahí que, estas formas de organización societal disminuyan la tensión entre las brechas de desigualdad que surgen en las democracias y los derechos cívicos y sociales relevantes para difuminar el fenómeno marginal de la posmodernidad.

Llegar holgadamente a una gobernanza democratizadora, tendrá que ver con la calidad de cómo se organiza y comunica el gobierno con el colectivo social y cómo este colectivo social asume tareas naturales para hacer canales de necesidades cívicas desde un enfoque de inclusión ante las nuevas desigualdades del espacio global.

En la actualidad es muy preocupante que a la clase gobernante sea cada vez más reactiva que propositiva, que de manera abrupta tanto la sociedad como aún algunos medios de comunicación (apoyados en las redes sociales) le dan rumbo a la agenda del gobierno, como si no tuviera tomadores de decisiones preparados o a los hacedores de políticas públicas al nivel de las circunstancias.

Es aún más lamentable que mediante quejas y presión en las redes sociales, la burocracia tenga que rectificar su actuar, es decir, que de no existir estas formas de participación entonces significa que no tiene la sensibilidad necesaria para gobernar, proyectando los inicios de una posible ingobernabilidad, propia de algunos países de centro y Sudamérica.

La gobernanza es asunto de todos y en eso se basa la participación, pero no olvidar que la falta de sensibilidad de un gobierno, aunado al descontento social por situaciones tanto económicas como humanas, dieron origen en el siglo pasado a un movimiento social que desencadenó algo más que el envío de mensajes por internet.

Dr. Magdiel Gómez Muñiz Colaborador de Integridad Ciudadana, Coordinador del Doctorado en Ciencia Política del Centro Universitario de la Ciénega – UDG. Profesor Investigador de Tiempo Completo de la Universidad de Guadalajara @magdielgmg @Integridad_AC