Dilemas, democracia y la Bartola


Por: Vladimir Juárez @VJ1204 Publicado en ContraRéplica


Son raros los que, con el poder absoluto, conservan la moderación y no dan rienda suelta a sus pasiones” Francisco I. Madero

Probablemente no haya en la historia reciente de América, una popularidad como la que le rodea. Ello, muy a pesar de los estragos de la pandemia y la gran inseguridad pública que heredó al tomar el cargo.

No obstante al poco tiempo de su mandato, no hay especialista o estudio de opinión que no le conceda niveles de popularidad tan altos como inexplicables. De alguna suerte, se suma a la historia de líderes carismáticos cuyo propósito es cambiar esa realidad histórica que ha aquejado al país, comprometiéndose con el pueblo para demoler el bipartidismo y la oligarquía dominante, y así, instaurar un nuevo régimen político.

Por increíble que parezca, si uno voltea a ver hacia América Latina para compararlo, es posible afirmar que en 2021 “los niveles de aprobación presidencial se han mantenido relativamente estables en la región, con variaciones que no superaron el +/- 4% en promedio, con excepción de la República Dominicana (-9%) y Chile (+5%)”, pero en su caso, sus niveles de aprobación son cercarnos al 90% (Directorio Legislativo, 2021, Argentina).

En otras palabras, la popularidad de este mandatario es sencillamente un fenómeno inexplicable. Tan es así que, en menos de un año, este presidente ha logrado dos reformas constitucionales al poder judicial impensables para el “conservadurismo democrático” que vive el país.

La primera fue que logró que el pasado 3 de septiembre los magistrados constitucionalistas de la República habilitaran la reelección presidencial de forma consecutiva; es decir, a través de un fallo constitucional hoy se le permite al actual presidente el buscar un segundo periodo de forma inmediata en 2024.

Su segunda gran reforma constitucional es que, a partir de este año, los jueces y fiscales mayores de sesenta años en el Poder Judicial deberán jubilarse. Y si esto fuera poco, cabe decir que también promovió el ser el primer país en el mundo en nacionalizar las criptomonedas en su economía.

Sin embargo, con EL presidente de El Salvador, Nayib Bukele, vuelve a presentarse un fantasma que se circunscribe en la izquierda Latinoamérica, y que es la prolongación de los mandatos constitucionales:

Así ha sucedido en Argentina, con Cristina Fernández de Kirchner, que duró 8 años (2007-2015), y que en pleno 2021 se impone como Vicepresidenta; en Bolivia, Evo Morales gobernó casi 14 años, (2006-2019); en Cuba, los Castro, Fidel y Raúl, gobernaron 60 años (1959-2019); en Ecuador; Rafael Correa gobernó 10 años (2007-2017); en Nicaragua, Daniel Ortega gobierna desde 2007 hasta el día de hoy: (con 5 años con derecho a reelección indefinida); en Venezuela, Hugo Rafael Chávez Frías gobernó 11 años (2002-2013) y Nicolás Maduro gobierna desde 2013 a la fecha.

Y guste o no, todo parece indicar que Bukele se prepara para gobernar cuando menos 12 años, donde su popularidad se encamina hacia la advertencia sobre las frágiles democracias que se sitúan en Latinoamérica, pues en varios países, la historia de las naciones tiende a colocar el desarrollo de los Estados con un nombre y un apellido: “donde el país queda en segundo plano, prendado, detrás de la persona que lo encabeza. [Y ello pasa a ser] una de las trampas de los procesos de consolidación a la democracia; la personalización de los destinos de un país. Si los destinos de un país dependen de una sola persona, es porque ya el proceso se ha viciado y sus instituciones y líderes no están cumpliendo con el rol que corresponde” (Martha Lagos).

México es una historia aparte de lo que ha pasado en América Latina, pero debe estar atento a lo que sucede en El Salvador.

COP26

Conforme avanzamos hacia la 26ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26) en Glasgow (del 31 de octubre al 12 de noviembre de 2021), bien valdría la pena empezar a digerir los acuerdos alcanzados por la CELAC en México (Comunidad de Estados Latinoamericanos y caribeños).

Sobre todo, aquel acuerdo donde acordaron hacer juntos frente a las fatalidades del cambio climático en la región mediante una bolsa de aportación en común de quince millones de dólares. Lo que equivale a algo así como a trescientos millones de pesos mexicanos para “toda Latinoamérica”.

Dicho de otra forma, esa cantidad equivaldría a un tercio de lo que pretende ejercer como gasto la presidencia de la República de México durante el presupuesto 2022, que es de ochocientos treinta millones de pesos; es decir, el monto destinado por la comunidad latinoamericana para combatir el cambio climático es similar a lo que cuesta el mantenimiento del avión presidencial de nuestro país en un año.

Así el nivel de compromiso de la región latina rumbo a la COP26 donde “…pagan la renta, el teléfono y la luz”.

Vladimir Juárez. Analista Político. Colaborador de Integridad Ciudadana A.C. @Integridad_AC @VJ1204