La invisibilidad del horror


Por: Elizabeth Albarrán @EstherAlbarran3 Publicado en ContraRéplica


Hace ya más de 20 años que Ciudad Juárez acaparó las primeras planas de distintos periódicos a nivel nacional e internacional, con la desaparición y posterior asesinato de más de 300 mujeres durante la década de los 90’s y los 2000.

Esta situación generó el surgimiento de una palabra, desafortunadamente muy utilizada en la actualidad: el feminicidio, como un crimen de Estado, que en voz de Marcela Lagarde se pronunciaba por primera vez como un concepto que daba cuenta del horror con el cual se vivía en la frontera de México.

Se hablaba de las “muertas de Juárez”, aquellas mujeres violadas y posteriormente encontradas sin vida en la ciudad fronteriza que año con año iban aumentando en número; eran temas de libros, películas y documentales que poco a poco se fueron extendiendo a todo el territorio nacional.

En la actualidad, Chihuahua ocupa el sexto lugar en feminicidios a nivel nacional, por lo que ya no solo hablamos de las muertas de Juárez, sino de las muertas de México, un país donde a diario se asesinan a 11 mujeres, por cuestiones de género. Siendo el Estado de México, Nuevo León, Veracruz, Ciudad de México y Oaxaca las entidades con mayores números rojos.

Nuevo León, que en el último mes ha dado tanto de qué hablar con la desaparición y posterior encuentro del cuerpo sin vida de Debanhi Escobar.

De lo que no puede caber duda alguna, es que el caso Debanhi nos muestra el tipo de sociedad que somos; una donde desconfiamos profundamente en las autoridades y las instituciones de justicia porque sencillamente no hacen lo que están mandadas a hacer, y cuando se les demanda hacerlo, lo hacen tan mal que el caso tiende a cobrar sentido de manera mediática. Este caso, nos pone al espejo de lo que verdaderamente somos como opinión pública.

Al mismo tiempo, es innegable que el caso abre una caja de pandora de dimensiones dantescas, pues durante la búsqueda de Debanhi se visibilizaron casos de otras mujeres desaparecidas; un tanto más desafortunadas por el nulo apoyo de la autoridad y eco social para sus búsquedas.

Y es que, de acuerdo con cifras de la Comisión Nacional de Búsqueda, de las casi 250 mil personas desaparecidas en México desde la década de los 60’s a la fecha, casi el 42% han sido mujeres, es decir 101,645.

De esta cifra, afortunadamente más de 75 mil han sido localizadas con vida, no obstante, 1,438 han sido localizadas sin vida, mientras que los casi 25 mil casos restantes permanecen en el anonimato.

En otras palabras, en cifras oficiales, el 1.4% de las desapariciones de mujeres termina con víctimas asesinadas, mientras que casi para el 25% de los casos, la ubicación y estado de las víctimas es aún una incógnita.

Y si bien muchas de las víctimas pueden ser encontradas con vida, no podemos negar las alarmantes cifras de aquellas que terminan de la peor manera. Tan solo de enero a marzo de este año, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública ha reportado 229 feminicidios; tan solo 22 casos abajo que el mismo periodo del año anterior y más de la mitad de los casos registrados para todo 2015.

Pero también quedó claro que todos los casos cuentan con un común denominador: las inconsistencias en la actuación de la autoridad. Es entonces que debemos tratar de responder de manera seria a distintas preguntas: ¿De qué sirven tantos protocolos y lineamientos con perspectiva de género? ¿Realmente se aplican como se debe? Y ¿qué se ha logrado cambiar con las alertas de género?

Más aún, sumado a la débil actuación para la búsqueda y sanción de estas desapariciones, otra similitud en los casos de mujeres desaparecidas son las denostaciones a las víctimas, que solo generan su culpabilización y revictimización por ir a fiestas o a trabajar, por cómo iban vestidas o por ir solas, por salir tarde o demasiado temprano.

En fin, cuestiones sobre la autodeterminación y libertad personal que en nada justifican sus desapariciones o feminicidios, pero que tanto la sociedad como las autoridades siguen empleando para desprestigiar los casos.

En tanto las percepciones de lo femenino no sean redefinidas, las cifras de desapariciones y feminicidios seguirán aumentando, por ello es importante avanzar en la lucha feminista, pues es absurdo que en pleno siglo XXI las mujeres sigamos luchando por los derechos más básicos; el derecho a la vida libre de violencia.

Elizabeth Albarrán Martínez Licenciada en Derecho por la UNAM y Maestra en Transparencia y Datos Personales por la UDG. Colaboradora de Integridad Ciudadana A.C. @EstherAlbarran3 @integridad_AC