Los Tories de Boris


Por: Magdiel Gómez Muñiz @magdielgmg Publicado en ContraRéplica


El término irlandés “toraidhe” significa “ladrón, bandido, o forajido” que da origen a la palabra “Tory”, para referirnos al individuo perteneciente al Partido Conservador inglés, vinculado con el clero y la nobleza; su repretsentación parlamentaria vive en los gobiernos de Gran Bretaña y Canadá principalmente. Los opositores ideológicos son los Whigs.

Se cuenta que entre los “Tories” preexiste una hermandad de siglos, un fuerte elemento psicológico de profunda devoción, su alta disciplina partidista engendra lazos de fidelidad vigorizada; y, el ser miembro del Partido Conservador es casi una epifanía más que una preferencia política, propiamente dicho. A últimas fechas pareciera que al interior de su estructura se exhibe una descomposición y crisis de liderazgos.

Lo anterior, viene a colación por la reciente salida del Primer Ministro Boris Johnson, un peso pesado de la política, una locomotora que metaboliza campañas y gana elecciones, sin duda, pieza clave que domina (partido y gobierno) dos posiciones importantes para la estabilidad de Gran Bretaña.

Boris, el amante de las juergas y la grandilocuencia, tiene 58 años de edad; está divorciado (en segundas nupcias) de Marina Wheeler (su Fouché), y dicen los que saben que, tiene siete hijos reconocidos en diferentes relaciones; el político, de blonda cabellera, hoy debe pagar las múltiples facturas generadas por su liviandad en el mandato gubernamental.

La lección aprendida de Johnson es que no hay indispensables en política y, que no es lo mismo ganar elecciones a tomar decisiones como gobernante (posición que le quedó muy grande). El ejecutor final del Brexit se va a la banca. Ergo, los conservadores deberán elegir a un nuevo líder que tenga, al menos, una agenda económica bien definida para aminorar los impactos de la guerra y ser rentables para los próximos comicios.

Entre los nominados están: a) Ben Wallace, actual titular de Defensa; b) Liz Truss, diplomática heredera de las enseñanzas políticas de Margaret Tatcher; c) Nadhim Zahawi, titular del Tesoro; d) Penny Mordaunt responsable de Comercio; y e) Rishi Sunak quien renunció como ministro de Economía para prepararse a una posible postulación. Todos ellos suspiran ocupar la silla que Johnson dimitió.

Aquí hay un problema (que no es privativo de Europa), y es una condición que aumenta exponencialmente; las oligarquías de los partidos políticos están envejeciendo a velocidad vertiginosa y el problema de la renovación de cuadros da por resultado que se improvise en la selección de los más aptos, en consecuencia, el desfase de liderazgos, originados por brechas generacionales, crean fragilidad en un partido político. Con lo señalado, se corre el riesgo de que al interior broten tribus antisistema con tendencia al rechazo de los liderazgos tradicionales. Peor aún, la falta de nuevos cuadros de reemplazo al interior de los partidos, arroja a personajes con mucho pasado y poco futuro. Ya no es necesario el largo viacrucis de genuflexión o consejos de súper sabios para fortalecer estructuras.

Tanto en Europa como en América la circulación de las élites es una asignatura pendiente para hacer valer un sistema democrático de designación meritocrático funcional. Mientras tanto, esperemos, con la prudencia necesaria, el sustituto del primer ministro de Gran Bretaña, su advenimiento desde luego propiciaría mejores escenarios post-pandemia- inter-guerras.

Magdiel Gómez Muñiz Colaborador de Integridad Ciudadana, Coordinador del Doctorado en Ciencia Política del Centro Universitario de la Ciénega – UDG. Profesor Investigador de Tiempo Completo de la Universidad de Guadalajara, co expertis y posgrados en estudios políticos y gobierno, filosofía política y educación @magdielgmg @Integridad_AC