Mitos y realidades sobre la Guardia Nacional


Por: Iván Arrazola Cortés @ivarrcor Publicado en ContraRéplica


Una forma de ver el tema de la Guardia Nacional es pensar que los opositores están en contra del proyecto del presidente porque quieren que a éste le vaya mal, por su parte los seguidores del presidente consideran que López Obrador tiene las mejores intenciones y que la alternativa que ofrece es la más viable para el país. Tal como está planteado hasta este momento el tema, no ha sido posible determinar si la decisión que se está tomando es la correcta, se han construido mitos, pero también existe realidades sobre el tema que a continuación se discutirán.

El primer mito se encuentra en el tema de la posición de las fuerzas armadas, siempre se ha dicho que al Ejército mexicano, si algo lo caracteriza es su institucionalidad, por eso llaman la atención las declaraciones del secretario de la Defensa quien, en el marco de la ceremonia de los Niños Héroes, señaló “debemos discernir de aquellos que con comentarios tendenciosos generados por sus intereses y ambiciones personales, antes que los intereses nacionales, pretenden apartar a las Fuerzas Armadas de la confianza y respeto que deposita la ciudadanía”.

Los comentarios del Secretario en medio del debate no abonan en la generación de un consenso, el Secretario prefiere tomar partido en un tema en el que más que estar en contra o a favor de la institución lo que se discute es si está capacitada, si tiene las características necesarias para hacer frente a un problema, el debate no se puede reducir simplemente a la lógica de los que están en contra o a favor del Ejército, plantearlo de esta manera es profundizar la polarización y no un ejercicio razonado sobre la viabilidad de la propuesta.

El segundo mito es que la Guardia Nacional goza del apoyo popular. En su posicionamiento sobre la Guardia Nacional la CNDH emitió un pronunciamiento en el que señala que no promoverá una acción de inconstitucionalidad sobre el hecho de que la Guardia Nacional pase a formar parte de la Sedena, con una explicación demasiado simple en la que expresa que ante la “complejidad”, “diversificación” y “gravedad” del crimen organizado en México, la iniciativa era necesaria.

La CNDH parece desconocer que distintos organismos internacionales, entre ellos, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha recomendado que las funciones de seguridad pública no sean realizadas por militares, este mismo posicionamiento es apoyado por la ONU, aunque es desconcertante la posición del organismo, es entendible su actuar ya que al frente del organismo se encuentra una persona militante del oficialismo que prefiere ceñirse al mandato presidencial que asumir su rol principal que es la defensa de los derechos humanos.

Más polémico aún resulta que para respaldar el actuar de las fuerzas armadas la CNDH recurra al apoyo del que goza la Guardia Nacional a través de encuestas, la visión plebiscitaria ayuda poco en estos temas. Ciertamente la gente podrá confiar en una institución o aprobar su existencia, aunque eso no necesariamente signifique que respalde su desempeño porque no lo conoce con profundidad, confiar en que porque la mayoría del pueblo lo respalda es lo acertado es muy simplista e inclusive peligroso, ya que lo mismo podría pasar con los derechos humanos, someterlos a votación para ver si gozan o no del respaldo del popular.

El tercer mito es que el Ejército lo puede todo. La forma en la que esta administración ha transformado las funciones de las fuerzas militares resulta sumamente cuestionable, no solo es el tema de la titularidad de la Guardia Nacional, la construcción de las obras prioritarias o el manejo de las aduanas, el tema de militarización se empieza a hacer presente en cada uno de los ámbitos de la vida del país. En esas condiciones no sería descabellado pensar que el actual régimen propusiera que en el futuro el próximo candidato a la presidencia de la República provenga de las fuerzas armadas, con el argumento de que estas personas son los más confiables en el país.

México a lo largo de su historia ha luchado por sacar a las fuerzas militares de la política para que su función primordial se concentre en el ámbito de la seguridad nacional y apoye en situaciones de emergencia. El traerlas de vuelta a los diferentes ámbitos de acción gubernamental constituye un problema porque no se encuentran capacitadas para realizar estas labores, pero sobre todo porque en el tema de la seguridad que debería ser su principal labor se dispersa la efectividad que pueda tener.

Si bien López Obrador no inició esta guerra si es su responsabilidad terminarla, pero al parecer prefiere prolongarla, por cerrazón o por una visión limitada del tema, ha preferido jugar su última carta, lo más preocupante de esta apuesta es que la presencia de la Guardia Nacional se prolongue indefinidamente sin poder tener un cuerpo de seguridad profesional y efectivo.

Iván Arrazola es analista político y colaborador de Integridad Ciudadana. @ivarrcor