Opiniones

“Tierra sin pan”


Por: Vladimir Juárez @VJ1204 Publicado en ContraRéplica


Dios y el país son un equipo inmejorable; rompen todos los récords de opresión y derramamiento de sangre.” Luis Buñuel

La semana pasada fuimos informados de una realidad escandalosa y “subversiva” que aqueja a la raza de bronce: de 2018 a 2020, el país registró el mayor incremento de pobres que se haya tenido desde que se mide este factor multidimensional.

Para leerlo en cifras, en dos años México pasó de 51.9 a 55.7 millones más de personas en situación de pobreza, donde la pobreza extrema aumentó en 2.1 millones, llegando así a 10.8 millones de mexicanos que no tienen para comer en el día. ¿Pero cómo llegamos a saberlo?

En 2004, después de una larga discusión sobre la necesidad de contar con un organismo técnico y con capacidad suficiente para medir la pobreza y evaluar los programas de la política de desarrollo social en México, nace el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), como producto de una reforma constitucional al artículo 26. Cabe recordar que dos años antes de ello, en 2002, se aprobó la primera ley de transparencia.

Sin lugar a duda, ambos sucesos constitucionales sientan las bases de la medición de los gobiernos federal y subnacionales; y con ello, se anteponen los datos duros, las evidencias, los testimoniales en el tiempo, ante aquellos actores políticos que, en pleno ejercicio del poder caen en la tentación ciega de presentar sus propios datos utilizando la retórica, la estética.

Desde entonces, el Coneval da a conocer los resultados de la medición multidimensional de la pobreza a nivel nacional y por entidad federativa: fue así que, conocimos que la pobreza había aumentado en 3.9 millones de personas entre los años 2008 y 2016, alcanzando la cifra para ese año de 53.4 millones en el país, pero apenas dos años después, disminuyendo a 51.9 millones en 2018.

Sin embargo, hace apenas una semana, el Coneval presentó su “medición multidimensional de la pobreza en México 2018 y 2020”, y los datos sencillamente no corresponden a la décima quinta economía más importante del mundo.

Van algunos datos: de acuerdo al cuestionario ingreso-gasto del Inegi, la salud es la variable que mayor impacto ha tenido en las familias. En otras palabras, la cancelación del Seguro Popular sin una política pública gradual que afianzara el proceso de transición entre este servicio y el proyecto del Insabi ocasionó que en menos de dos años 15 millones de personas perdieran el acceso a los servicios de salud.

Y estos datos tienen verificativo cuando se leen las respuestas de las familias que aseguran no tener otro sistema de salud distinto al Seguro Popular, dicho de otra manera, el Insabi llegó justo a la par de la pandemia del Covid19 a México, una coincidencia trágica que conjuga al país y a “Dios” que, haciendo equipo, nos presentan un grado de pobreza extrema nunca visto.

También hay de cierto que el reporte del Coneval advierte un acierto, esto es que la dinámica de la pobreza ha cambiado con las políticas implementadas por la actual administración federal: con datos en mano, hoy es posible asegurar que la política de transferencia de recursos (apoyos económicos) se está concentrando en lo rural y no en lo urbano, lo que ha generado un cambio en la dinámica de la pobreza en las zonas rurales, donde la pobreza disminuyó de 57% a 56% en dos años. Sin embargo, los resultados en la zona urbana empeoraron pasando de 36% a 40% más de pobreza.

Un dato alentador es que, todo indica que el problema de la marginación que padecen las personas adultas mayores en situación de pobreza está cambiando; y esto tiene verificativo cuando uno observa que, por corte de edad, la pobreza se redujo en los mayores de 65 años, donde la pobreza pasó de 40% a un 37%. Es decir, las políticas de transferencias de recursos para la gente adulta han funcionado, pero al parecer han fallado en el caso de los jóvenes: donde, en el sector de 12 a 29 años, la pobreza creció 4 puntos, es decir, de 42% al 46%.

Esta columna lleva por título “Tierra sin pan” en honor al filme de Luis Buñuel, donde a través de su lente cinematográfico retrató las más inhumanas condiciones de vida de las comunidades olvidadas de aquella España, donde literal, no había ni pan para comer.

De la misma forma que Buñuel, el reporte del Coneval nos presenta una fotografía desgarradora de una realidad alejada de las urbes y de la demagogia; la realidad establece que el 76.8% de toda la población hablante de una lengua indígena, se encuentra en situación de pobreza, y del total, 35.7% se encuentra en pobreza extrema. Pero el dato es aún más doloroso si a esta condición agregamos el género, pues entre las mujeres de habla indígena, el porcentaje de pobreza es de 83%, y de ese porcentaje, un 43% es pobreza extrema.

De ahí que, bajo un mismo cielo, entre conservadores y liberales, entre nociones morales y revolucionarias, con o sin héroes patrios y bajo el templo mayor, vive la pobreza que crece desplazándose en el tiempo, por lo que deberíamos “repit[ir], una y otra vez, en caso de que alguien lo olvide o crea lo contrario, que no vivimos en el mejor de los mundos posibles” (Buñuel), pues a pesar de todas las transiciones políticas en México, cada día que pasa hay más pobres en manos de Dios y de este país sin pan.

Vladimir Juárez. Analista Político. Colaborador de Integridad Ciudadana A.C. @Integridad_AC @VJ1204