Por: Dr. Manuel Cifuentes Vargas. Publicado en ContraRéplica.
Hoy se festeja el día del amor y el de la amistad. Celebración muy a propósito para
hacer una reflexión de vida terrenal. De amor y amistad cuyas concepciones no se agoten en lo puramente humano; sino que su significación vaya más allá de este espacio, para convertirse en un pensamiento y comportamiento abierto cuya esencia universal sea ahora el de amor y amistad de vida integral terrena.
De acuerdo con lo que hemos conceptualizado como “amor” y “amistad”, usualmente estos vocablos entrañan y cierran su círculo, fundamentalmente en el reducido contorno humano, aunque en la tinta y el papel, en el pincel, en el cincel y en la nota musical, así como en la voz, el manantial de expresiones sea inagotable, del cual brota un piélago de manifestaciones sentimentales filosóficas, artísticas y religiosas, pero que no se reflejan en los hechos de la vida humana diaria en relación con su entorno natural.
Es por eso por lo que, en estas meditaciones, consideramos que estas emociones amigables y de cariño, es tiempo de que las abramos y ampliemos a todo el campo terrenal. De ahí que, en este día de festejos y muestras de devociones y afectos, también debiéramos prodigar el más puro, sentido y alto amor y amistad para ella y para todos sus hijos; porque ella es todo para todos los seres que tenemos signos de vida. Y si es nuestra madre, ¿cómo a esta madre no se le va a tener asimismo amor sincero, entregado y sublime, así como amistad?, porque cuando se tiene ese supremo hálito que simboliza y representa la amistad que se le tiene a los verdaderos amigos de carne y hueso, igualmente se lo debemos profesar a nuestra madre y siempre amiga Tierra.
Nosotros con ella debemos ser mejores hijos y amigos. Debemos tener más nobleza, resiliencia y empatía con todo nuestro hábitat natural. Debemos tener aprecio a los demás seres vivos y a los elementos naturales que hacen posible la vida en el planeta en que vivimos. Tenemos que ser solidarios con los otros seres vivos que de igual forma ha procreado y que habitan en la Tierra.
Ciertamente son de especies distintas a la nuestra; pero son seres que asimismo les ha dado vida la misma madre de todos: la Tierra. Por lo tanto, son nuestros hermanos terrestres, porque todos tenemos el mismo origen primigenio terrenal. Aquí nacimos, y de ella, todos. Por eso somos y formamos la misma y única familia viviente que hoy existe en este mundo.
Razón suficiente para que no los abandonemos, no los maltratemos, no los exterminemos. Mejor ayudémoslos, y que mejor si contribuimos, al igual que lo hacemos entre nosotros los humanos y los países, a vivir y convivir en armonía y dignamente con nosotros en ésta, la casa terrenal de todos. Tenemos que aprender a tomar conciencia y a procurarnos una vida terrestre más integrada, acompañada, fraternal, solidaria y en paz con toda la vida terrenal. Con la buena voluntad del ser humano, es posible.
Los humanos no podríamos vivir solos en ella. Seriamos unos seres solitarios errantes, fantasmales y condenados a la extinción. Los necesitamos para sobrevivir. Son un requisito sine qua non, para la permanencia y continuidad de la vida humana en este planeta. Ellos a nosotros no nos necesitan; es más, vivirían y serían más felices sin nosotros en la Tierra.
Por eso requerimos tejer una sociedad viva terrenal más integral, fraterna y solidaria con todos los demás seres vivos, y en paz con ellos y con la Tierra. Tenemos que ser solidarios y empáticos con la Tierra, faltaba más, si es a ella a la que le debemos todo; gracias a la cual de ella todos nacimos y vivimos.
La convivencia, la solidaridad, la fraternidad y la paz debe ser la urgente y maestra obra humana que debemos hacer posible para con los demás seres vivos y con la Tierra. Debemos trabajar para hoy hacer posible lo deseable. Hacer un pacto de paz y amistad con los demás seres vivos y con la Tierra misma. Hoy el paradigma debe ser cementar en la mente y en el corazón el deber y obligación de entrar a otra dimensión universal de vida terrenal.
Alguna vez David Starr Jordan dijo que “no puede haber civilización perfecta hasta que el hombre reconozca que los derechos de los animales son tan sagrados como los suyos”, y yo agregaría que también los de los vegetales y los de la Tierra misma, porque todos tienen vida. Y este es el horizonte al que debemos aspirar y hacer posible.
La Tierra ya necesita, nos pide y exige paz. Por lo tanto, tenemos que ser por siempre sus amigos. Es nuestra madre y también nuestra mejor amiga. Amor y amistad para ti amada madre y amiga Tierra.

Dr. Manuel Cifuentes Vargas, doctor en derecho constitucional por la UNAM, miembro fundador de Integridad Ciudadana A.C.

