Víctor Hernández Troche. Publicado en Integridad Ciudadana.

“Entonces, por eso la vivienda hoy no solamente es un derecho para las familias mexicanas, sino que además está ayudando mucho al desarrollo de la economía”, afirmó la presidenta Claudia Sheinbaum durante su conferencia de prensa del 22 de octubre, al referirse al programa Vivienda para el Bienestar.

 La presidenta también habló de las facilidades para que más jóvenes puedan comprar una casa. Sin embargo, detrás de los anuncios y las cifras existe una realidad que no puede pasar desapercibido: para comprar una casa, primero hay que tener un ingreso, y para muchos jóvenes en México conseguir un trabajo digno ya representa una dificultad.

En nuestro país, terminar una carrera universitaria no garantiza encontrar trabajo, mucho menos obtener un salario que permita pensar en comprar una casa. Miles de jóvenes salen de las aulas con la esperanza de comenzar una vida profesional, pero se encuentran con ofertas laborales que exigen experiencia, jornadas extensas y sueldos que apenas alcanzan para cubrir los gastos básicos. En esas condiciones, hablar de comprar una casa parece una meta muy lejana para quienes todavía dependen de sus familias o destinan buena parte de sus ingresos al transporte, la alimentación y la renta.

La presidenta ha defendido la vivienda como un derecho y ha presentado el programa Vivienda para el Bienestar como una alternativa para facilitar su adquisición, especialmente entre los sectores con menores ingresos. Durante la conferencia mencionada, informó que, de las 89 mil viviendas asignadas y colocadas que señaló, el 33 por ciento correspondía a personas de entre 18 y 29 años. También destacó la reducción de requisitos que antes dificultaban el acceso a los créditos.

Las cifras pueden mostrar alcances , pero también es necesario mirar lo que ocurre fuera de las mañaneras . Que existan opciones de financiamiento no significa que todos los jóvenes tengan la posibilidad de pagarlas. Una cosa es cumplir con los requisitos para solicitar un crédito y otra muy distinta es contar con un trabajo estable, ingresos suficientes y la seguridad de poder cubrir las mensualidades durante años sin poner en riesgo la economía personal o familiar.

Aquí es donde la discusión debe ir más allá de la construcción de viviendas. Si un joven no consigue empleo o recibe un salario bajo, difícilmente podrá ahorrar para adquirir un patrimonio. Incluso cuando logra incorporarse al mercado laboral, la falta de prestaciones, la inestabilidad y los contratos temporales pueden complicar su acceso a un financiamiento. No se trata solamente de tener una casa disponible, sino de contar con las condiciones necesarias para pagarla.

Por eso, cualquier política de vivienda dirigida a las nuevas generaciones necesita considerar también el problema del empleo juvenil y los salarios. No tiene mucho sentido hablar de independencia económica si las oportunidades laborales no permiten cubrir las necesidades más elementales. La vivienda y el trabajo están relacionados , y atender uno de estos problemas sin considerar el otro puede dejar fuera precisamente a quienes más necesitan apoyo.

También es importante que los programas públicos expliquen con claridad quiénes pueden beneficiarse, cuánto deben pagar, cuáles son los requisitos y qué condiciones tendrán los créditos. Los jóvenes necesitan información accesible y oportunidades reales, no solamente la expectativa de que algún día podrán comprar una casa. El acceso a una vivienda digna debe acompañarse de mecanismos que eviten que las mensualidades se conviertan en una carga imposible de sostener.

La intención de facilitar el acceso a una vivienda responde a una necesidad real, pero el desafío consiste en demostrar que esa posibilidad puede convertirse en una realidad para quienes hoy enfrentan mayores dificultades económicas. Los resultados deben medirse no solo por las casas construidas o los créditos otorgados, sino también por la capacidad de las personas para adquirirlas y conservarlas sin comprometer su bienestar.

Para los jóvenes mexicanos, el futuro no debería reducirse a estudiar sin encontrar empleo, trabajar sin lograr ahorrar y pagar una renta sin saber cuándo podrán tener un lugar propio. Una casa representa estabilidad, tranquilidad y la posibilidad de construir un proyecto de vida. Pero mientras el empleo digno siga siendo una meta difícil de alcanzar para muchos, comprar una vivienda continuará siendo un sueño para quienes más necesitan una oportunidad.

Porque no basta con abrir la puerta de una casa si quienes quieren entrar no tienen un salario que les permita pagarla.


Víctor Hernández Troche politólogo por la FCPYS de la UNAM. Colaborador de Integridad Ciudadana A.C. @Integridad_AC victorhernandez06692@gmail.com