Por Javier Agustín Contreras Rosales. Publicado en ContraRéplica.

2025, año que está marcado por la profunda división que existe en la sociedad, la cual se ve entre el relato triunfalista del poder y el susurro incomprensible de millones de ciudadanos que no se ven ni se sienten representados por los que hoy ejercen el poder.

La contradicción se ha convertido en estos tiempos políticos en el sello de los que ostentan, quienes prometieron gobernar para todos, más, sorpresa: construyen un poder que se cierra, se endurece y se protege, con todos los que no coinciden y también con los propios que dejaron de ser necesarios.

Este nuevo gobierno, trae consigo viejos y jóvenes políticos, no producto de una coincidencia que busque la prosperidad generalizado de la nación, sino como el designio imperante de consolidar la hegemonía en el poder a través del proyecto de la Cuarta Transformación, hegemonía que se le había arrebatado en el 2000 al priismo institucionalizado, salvo una gran diferencia; la hegemonía de antaño estaba sustentada en un consenso amplio; y ésta, en la suma aritmética de los votos que aun cuando es legal, no logra representar la diversidad ideológica de las minorías que en suma son mayoría, poniendo su legitimidad en duda.

El congreso federal, así como el de la mayoría de los estados se han convertido en una oficialía de partes del poder ejecutivo; al no existir contrapesos institucionales, ni partidos de oposición fuertes y congruentes; se encuentran atrapados en su incapacidad de entendimiento que permita propuestas y alternativas que beneficien a la sociedad en lo general, propiciando la pluralidad, la crítica constructiva, en donde no deben caber los chairos y los fifís, sino solamente los mexicanos, más la oposición se ha quedado sin voz y liderazgo.

Se está consiente que existía una desigualdad social, la cual no se ha eliminado pero sí administrado con discursos de esperanzas, sin resultados tangibles en crecimiento económico, seguridad o justicia, la cual se ha politizado y debilitado; que no se olviden las palabras de Platón “La peor forma de injusticia es la justicia simulada” lo cual encaja perfectamente con el más cruel discurso el de la esperanza del bienestar, sin que ésta se alcance.

El autoritarismo del poder ya es un hecho y se ha legitimado a través de los votos y la abstención, blindándose de cualquier ilegitimidad que se pueda presumir, se han usado de forma mediática y emocional los agravios del pasado, para crear una conexión emocional, eliminando todo aquello que había permitido la construcción de la nación, y destruyendo las instituciones que sostenían la democracia.

El gobierno y sus aliados no han entendido que, si bien muchos dudaban de la eficacia del modelo neoliberal y estaban en su contra, eso no significa que los ciudadanos avalen el modelo de centralización autoritaria y militarización que se ha decretado con las reformas de las últimas semanas, y que sostiene a la 4T, las manifestaciones de la inconformidad se han mostrado así como la polarización social, se está jugando con fuego al tratar de disfrazar al sistema impuesto con una Democracia vacía, sustentadas en un sistema electoral a modo con votos que no son suficientes para legitimar los cambios que se están haciendo al Estado Mexicano.

La democracia no es una cuestión de votos, sino de instituciones sólidas que garanticen la participación de la oposición y escuchen realmente a la sociedad. De lo contrario, no hablamos de democracia, sino de un autoritarismo disfrazado. México no necesita una democracia aritmética sustentada en boletas, sino un sistema abierto al disenso y al consenso, capaz de construir un verdadero bienestar nacional.

Javier Agustín Contreras Rosales. Colaborador de Integri025dad Ciudadana AC, Contador Público, Maestro en Administración Pública @JavierAgustinCo @Integridad_AC