Por Javier Agustín Contreras Rosales. Publicado en ContraRéplica.

Al gobierno de México le urge quitarse las gafas de la 4T y ponerse a ver la realidad que enfrenta el país. La protesta que se dio el pasado 15 de noviembre por los jóvenes de la generación Z y las personas de todas las edades que se sumaron, es una muestra del gran descontento que hay en el país.

Hagamos conciencia: las marchas, como movimiento, son un termómetro social que registra tensiones acumuladas que no siempre aparecen en las estadísticas oficiales. Lo que vimos en días pasados refleja un síntoma de descontento generalizado de la sociedad, la cual se encuentra agotada de vivir al día, de sobrevivir a la incertidumbre económica que, con el pasar del tiempo, se siente más fuerte; las marchas son algo profundo que se está desbordando, muy independientemente de quién las organice.

Los gobernantes están abusando de la capacidad de resiliencia de los mexicanos, sin entender que éstos se están cansando de la indolencia de quienes ahora gobiernan al país, como se cansaron de quienes les antecedieron. La gran mayoría de los mexicanos nos sentimos ignorados, el gobierno no escucha el clamor de nuestras demandas y necesidades. Si bien ganaron con una amplia mayoría, la realidad es que no representan a la mayoría; no han visto que detrás de cada ciudadano que marcha existe un votante que les dio su confianza, pero que ahora ya no los respalda.

Que no se olvide que la legitimidad electoral nunca será igual que la social; la resiliencia, como los combustibles, se agota frente a un gobierno cerrado que aumenta la tensión social; y solo se recarga con resultados que beneficien a todos.

Los movimientos como los que se vieron el pasado 15 de noviembre, así como las críticas, no son una declaración de guerra, sino un grito al diálogo nacional. Es momento de que quienes detentan el poder se sacudan su radicalismo partidista, realizando acciones que abran el diálogo e impacten de forma positiva en el desarrollo de la nación, que permitan superar la polarización y generen acuerdos con las otras fuerzas políticas que conforman el Estado.

Ya es momento de que el gobierno supere sus miedos y acepte la realidad que vivimos; esta es la única forma de construir un mejor futuro para los jóvenes que se manifiestan.

No es momento de atrincherarse y cerrar el diálogo; la presión social y política ya exige abrirlo. Estamos frente a grandes oportunidades y compromisos este 2026 que, bien trabajados, serán una base sólida para el desarrollo regional y nacional.

Es momento de que el partido en el poder se pregunte: ¿cuántas marchas se requieren para que se abra un diálogo nacional constructivo? ¿Qué más debe ocurrir en materia de seguridad para que se impulsen acciones que devuelvan tranquilidad a la ciudadanía?

Que quede claro: la respuesta a las demandas del país no es cerrarse y decir que hay un complot orquestado por la derecha, sino abrir los canales de comunicación.

El gobierno lo sabe, la problemática de México no se arregla con aspirinas; sino con políticas públicas eficientes que vayan a la raíz del problema, más eso no da popularidad ni gana elecciones, ¡¡¡los programas sociales si… por desgracia!!!

Javier Agustín Contreras Rosales. Colaborador de Integridad Ciudadana AC, Contador Público, Especialista en Instituciones Administrativas de Finanzas Publicas, Maestro en Administración Pública @JavierAgustinCo @Integridad_AC