Por Iván Arrazola Cortés. Publicado en Integridad Ciudadana.

El legado de Cárdenas y las contradicciones de la izquierda

El fallecimiento de Cuauhtémoc Cárdenas obliga a revisar su legado y, sobre todo, a reflexionar sobre las contradicciones de la izquierda mexicana. Se trata de un personaje que, habiéndose formado bajo las reglas del partido hegemónico, decidió desafiar al sistema político del que había formado parte.

Su ruptura con el PRI en 1987 y su participación en las elecciones presidenciales de 1988 marcaron un punto de inflexión en la historia política del país. A partir de entonces, la transición democrática adquirió un nuevo impulso que terminaría por transformar las reglas de acceso y ejercicio del poder en México.

Para comprender la dimensión de su legado es necesario recordar el sistema político en el que se formó. Durante buena parte del siglo XX, el régimen surgido de la Revolución mexicana concentró sus esfuerzos en garantizar la estabilidad política y social del país, pero lo hizo a un costo considerable: el control de la competencia electoral, la subordinación de las instituciones y la ausencia de una democracia verdaderamente competitiva.

Romper con ese sistema implicaba mucho más que abandonar al partido gobernante. Era necesario modificar las reglas que habían permitido su permanencia durante décadas. La elección presidencial de 1988, marcada por la caída del sistema y las denuncias de fraude, evidenció el agotamiento de un modelo político incapaz de garantizar condiciones de competencia equitativas. Cárdenas no solamente encabezó una candidatura opositora; contribuyó a demostrar que existía una sociedad dispuesta a disputar el poder por la vía electoral y a exigir que su voto fuera respetado.

En ese contexto, la democratización del país dejó de ser únicamente una demanda de la oposición para convertirse en una necesidad del propio sistema político. La creación del Instituto Federal Electoral en 1990, su posterior autonomía y las sucesivas reformas electorales fueron resultado de un proceso de negociación y presión política en el que participaron distintas fuerzas. Sin embargo, difícilmente puede comprenderse esa transformación sin el movimiento encabezado por Cárdenas.

La construcción de la democracia mexicana fue gradual. El financiamiento público de los partidos, el fortalecimiento de la representación proporcional, las reglas de acceso a los medios de comunicación y la autonomía de las autoridades electorales fueron mecanismos que buscaron reducir las ventajas del partido gobernante y garantizar mayores condiciones de equidad. No todos surgieron después de 1988, pero las reformas posteriores permitieron consolidarlos y ampliar las posibilidades de competencia de la oposición.

Esas transformaciones hicieron posible que el poder dejara de ser patrimonio de una sola fuerza política. Primero llegaron los triunfos de la oposición en gobiernos estatales y espacios legislativos; posteriormente, la victoria de Vicente Fox en el año 2000 puso fin a siete décadas de presidencias priistas. El mismo sistema de competencia electoral permitió que Andrés Manuel López Obrador, después de dos intentos fallidos, alcanzara una contundente victoria presidencial en 2018. La izquierda que durante décadas había denunciado las desigualdades del sistema finalmente pudo acceder al poder mediante las instituciones que contribuyó a construir.

La izquierda mexicana, que durante décadas luchó por abrir el sistema político, hoy, desde el poder, impulsa reformas que amenazan con cerrar los espacios de pluralidad que hicieron posible su ascenso. El movimiento de la Cuarta Transformación, heredero de buena parte de aquella lucha democrática, ha colocado en el centro de su agenda la reducción del financiamiento de los partidos, la modificación de la representación proporcional y la transformación de las instituciones electorales.

El problema es que la democracia no puede evaluarse exclusivamente por su costo presupuestal. El financiamiento público permitió que los partidos de oposición contaran con recursos para competir frente al partido gobernante; la representación proporcional abrió espacios legislativos a fuerzas políticas que difícilmente podían ganar elecciones de mayoría; y la autonomía electoral buscó impedir que el gobierno organizara y calificara las elecciones en las que participaba.

La contradicción de fondo es histórica. Cuauhtémoc Cárdenas encabezó una lucha para que la oposición pudiera competir frente a un partido dominante; la Cuarta Transformación, surgida de esa misma tradición política, impulsa cambios que podrían dificultar la competencia de las oposiciones frente a una nueva fuerza dominante.

Por ello, el legado de Cárdenas no puede reducirse a su condición de precursor de la izquierda contemporánea. Su principal contribución fue impulsar un sistema político en el que ninguna fuerza tuviera garantizada su permanencia en el poder. La democracia que ayudó a construir no estaba diseñada para asegurar el triunfo de la izquierda, sino para permitir que cualquier partido pudiera ganar o perder elecciones bajo reglas equitativas.

Su fallecimiento invita a recordar que las instituciones democráticas no surgieron por una concesión espontánea del poder, sino como resultado de décadas de movilización, negociación y exigencias ciudadanas. Cada avance buscó establecer límites al gobierno y ampliar las posibilidades de participación de quienes pensaban distinto.

Iván Arrazola es analista político e integrante de Integridad Ciudadana A. C. @ivarrcor @integridad_AC