Por Ingrid Trejo Juárez. Publicado en ContraRéplica.
Hay elecciones que cambian un gobierno y hay otras que permiten leer el momento político de una región completa. Brasil está frente a una de ellas. El próximo 25 de octubre, Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro volverán a enfrentarse en las urnas después de una primera vuelta en la que Flávio Bolsonaro obtuvo 47.03% de los votos y Lula 45.16%. La diferencia puede medirse en puntos porcentuales, pero lo que está en juego difícilmente cabe en una cifra: Brasil está decidiendo entre dos proyectos políticos distintos mientras América Latina atraviesa un importante reacomodo político.
La discusión suele reducirse a izquierda contra derecha, Lula contra Bolsonaro, pero eso deja fuera una parte importante de lo que está sucediendo. América Latina llega a esta elección después de años de descontento con los partidos tradicionales, preocupación por la inseguridad, frustración económica y desconfianza hacia las instituciones. Brasil concentra muchas de esas tensiones, pero su importancia va más allá de sus fronteras. Es la mayor economía y uno de los países con mayor peso demográfico y diplomático de la región. Lo que ocurra allí tendrá repercusiones en la relación de América Latina con Estados Unidos, China y otros actores internacionales.
Esa dimensión internacional quedó todavía más expuesta en septiembre, cuando funcionarios de la Agencia Brasileña de Inteligencia informaron a delegaciones de Francia y Alemania sobre presuntas acciones de interferencia de Estados Unidos y Rusia en el proceso electoral. Las acusaciones no deben presentarse como una intervención ya comprobada, pero tampoco dejan de ser relevantes por estar en disputa. Revelan una preocupación más amplia: las elecciones latinoamericanas se desarrollan en un escenario donde las potencias también tienen intereses y herramientas para intentar influir.
La pregunta entonces deja de ser únicamente quién gobernará Brasil. También es cuánto margen conserva América Latina para definir sus propias prioridades cuando Estados Unidos sigue siendo un actor central, China amplía su presencia y las disputas internacionales llegan cada vez más cerca de la política interna. Brasil tiene un papel particularmente importante en esa discusión por su participación en espacios como el G20, los BRICS, Mercosur y la agenda del Sur Global. Su próximo gobierno tendrá que decidir cómo relacionarse con esas potencias y cuánto espacio buscará para actuar con autonomía.
Y ahí México ya no puede mirar desde fuera y no necesariamente porque México tenga que seguir el camino que tome Brasil, sino porque ambos países ocupan una posición que puede pesar en la dirección de la región. En agosto, los gobiernos de Claudia Sheinbaum y Lula da Silva destacaron la convergencia de sus posiciones y acordaron profundizar la cooperación económica, energética y política; también reafirmaron su interés en fortalecer la integración latinoamericana y el papel de la CELAC como espacio de diálogo regional.
Eso coloca a México ante una discusión propia. Su relación con Estados Unidos seguirá siendo fundamental, pero eso no elimina la posibilidad de construir vínculos más fuertes con América Latina ni de buscar mayor margen de decisión frente a las disputas entre las grandes potencias. La cuestión no es escoger entre Washington y Brasilia. Es decidir cuánto quiere participar México en la construcción de una región que, durante demasiado tiempo, ha tenido que adaptarse a decisiones tomadas fuera de ella.
Es por ello que Brasil importa para México. Su elección no va a determinar directamente nuestro futuro, pero sí puede mostrar hacia dónde se mueve el espacio político latinoamericano. Brasil elegirá a su próximo presidente; México tendrá que decidir qué hará frente al nuevo escenario. Porque mientras Brasil define su rumbo, también se abre para México una pregunta que no puede seguir posponiendo: ¿quiere limitarse a reaccionar ante el nuevo mapa latinoamericano o quiere ayudar a construirlo?
Ingrid Trejo Juárez Colaboradora de Integridad Ciudadana, estudiante de Relaciones Internacionales por la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla.
@ingriddtrejoo @Integridad_AC

