Por Iván Arrazola Cortés. Publicado en Integridad Ciudadana.

El futuro de los nuevos partidos en México

El Instituto Nacional Electoral (INE) aprobó la creación de dos nuevos partidos políticos nacionales: Somos México y Partido Paz, organizaciones encabezadas por dos figuras ampliamente conocidas en la política nacional: Guadalupe Acosta Naranjo y Hugo Eric Flores, respectivamente. Su incorporación amplía la oferta partidista rumbo al proceso electoral de 2027, aunque también plantea interrogantes sobre sus posibilidades reales de consolidarse en un sistema político cada vez más concentrado.

Constituir un partido político en México es un proceso largo y altamente exigente. La legislación establece que las organizaciones interesadas deben celebrar al menos 20 asambleas estatales o 200 asambleas distritales, además de acreditar la afiliación de por lo menos el 0.26 % del padrón electoral, lo que equivale a alrededor de 256 mil ciudadanos. A ello se suma una estricta fiscalización de sus recursos y del cumplimiento de las normas de organización interna.

Este procedimiento únicamente puede realizarse una vez concluida la elección presidencial, lo que convierte al registro de nuevos partidos en un proceso excepcional que ocurre cada seis años. La dificultad de cumplir con estos requisitos quedó evidenciada con el rechazo de otras tres organizaciones que también buscaban obtener el registro: México Tiene Vida, Que Siga la Democracia e Inclusión y Empatía para Todos.

Entre las agrupaciones que solicitaron su registro destacaron dos con vínculos cercanos al oficialismo. El Partido Paz representa, en los hechos, una nueva versión del Partido Encuentro Social (PES), partido que formó parte de la coalición que llevó a Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia en 2018, pero que perdió su registro en 2019 al no alcanzar el tres por ciento de la votación válida emitida, requisito indispensable para conservar el registro nacional.

Distinto fue el caso de Que Siga la Democracia, organización que surgió para promover el proceso de revocación de mandato de 2022. Aunque logró avanzar en varias etapas del procedimiento, el Consejo General del INE le negó el registro al detectar diversas irregularidades relacionadas con el origen y manejo de sus recursos financieros.

Por su parte, Somos México también obtuvo el registro, aunque con condiciones. El Consejo General del INE ordenó que, antes del 31 de agosto, modifique elementos de su identidad institucional, entre ellos la denominación «MX» y el color rosa. La autoridad electoral consideró que el uso de «MX» puede transmitir la idea de que el partido representa a toda la nación mexicana, mientras que el color rosa podría generar confusión al formar parte de la identidad institucional del propio INE.

A ello se sumó una intensa disputa jurídica derivada de las impugnaciones promovidas por Morena, que denunció presuntas afiliaciones duplicadas entre militantes de ese partido y las nuevas organizaciones. Sin embargo, el Tribunal Electoral desestimó dichas impugnaciones, permitiendo que el registro siguiera adelante.

Más allá de haber superado el complejo proceso de constitución, el verdadero desafío apenas comienza. La legislación obliga a los nuevos partidos a obtener al menos el tres por ciento de la votación válida emitida en su primera elección para conservar el registro. Además, durante su primer proceso electoral tienen prohibido formar coaliciones, por lo que deberán competir en solitario, sin el respaldo de alianzas que les permitan ampliar su presencia territorial o su votación.

Este reto se presenta, además, en un contexto particularmente adverso. El sistema de partidos mexicano atraviesa una etapa de fuerte concentración del voto alrededor de Morena y sus aliados, mientras que los partidos tradicionales de oposición enfrentan una prolongada crisis de competitividad y de identidad. En este escenario, los nuevos partidos tendrán que disputar un electorado con escasos incentivos para modificar sus preferencias y con poco espacio para el crecimiento de nuevas fuerzas políticas.

A ello se añade un elemento de carácter político. Aunque ambas organizaciones son formalmente nuevos partidos, difícilmente pueden considerarse proyectos que renueven la representación política. Sus dirigentes cuentan con una larga trayectoria en la vida pública y sus estructuras provienen, en buena medida, de organizaciones políticas ya existentes. Más que representar una innovación programática o una nueva generación de liderazgos, parecen constituir la reconfiguración de actores que ya formaban parte del sistema de partidos.

El principal desafío para Somos México y Partido Paz no será únicamente alcanzar el umbral legal del tres por ciento, sino convencer al electorado de que representan una alternativa distinta en un escenario político caracterizado por la polarización y el predominio de una fuerza política. Si no logran construir una identidad propia, diferenciarse programáticamente y conectar con sectores del electorado hoy desatendidos, es probable que su paso por el sistema de partidos resulte efímero, reproduciendo el destino de muchas otras organizaciones que, pese a obtener el registro, no consiguieron consolidarse como opciones viables de representación política.

Iván Arrazola es analista político y colaborador de Integridad Ciudadana A.C. @ivarrcor @integridad_AC