Por Manuel Cifuentes Vargas. Publicado en Integridad Ciudadana
Felicidades, Madre Tierra
Felicidades también, hoy a ti, madre Tierra, en este día que festejamos a nuestra progenitora biológica. Tú también eres madre. Eres la madre naturaleza que nos ha creado, y que con tu enorme magnanimidad nos sostienes con vida. Eres la madre de todos nosotros los seres humanos, y de todo el resto de seres con vida. Todos somos tus hijos, sin que hagas distingos ni tengas predilección solo por uno o algunos de ellos. Eres la madre mayor; la madre suprema; la madre de todos y, sin embargo, de ti nadie se acuerda ni te felicita, ni te homenajea en este día, y menos te dan las gracias por habernos dado vida, no obstante que nos has dado la vida y nos mantienes con vida.
En este día de celebración materna, solo nos acordamos, felicitamos y festejamos, justa y merecidamente, a nuestra madre consanguínea. Pero de ti madre Tierra, a quien te debemos la vida todos en el mundo, se nos olvida que existes y que por ti vivimos. Pero yo sí me acuerdo de ti y te tengo siempre presente, te respeto, te admiro, te estoy agradecido y te amo. porque tú eres nuestra madre primigenia; la del origen de toda la vida; la dadora de vida.
Gracias a ti tenemos vida y vivimos todo un universo de seres en esta pródiga y bondadosa casa, que eres tú. En este espléndido espacio y paisaje terrenal que nos has dado; y que eres tú misma. Aquí nacimos, a qui vivimos y aquí morimos, porque tú eres nuestro único habitáculo. A ti nos debemos todos. De ti nacimos y a ti regresamos en este natural ciclo de la vida, de nacer, crecer, reproducirnos y morir. Porque al ser de ti misma y al igual que tú, nadie es eterno; incluso tú, con toda tu grandeza y sabiduría, sabes que también llegará el tiempo en que termines tu propio ciclo de vida sideral. Y contigo, igualmente cualquier otro signo de vida que para ese entonces exista en ese remoto futuro.
Sigues viva, a pesar de todo el enorme daño que inmerecidamente te hemos hecho y que te seguimos causando. Por eso padeces estragos, y a tu manera te quejas, protestas, te enfermas y te dueles; y sin embargo, nos sigues perdonando, protegiendo y nos sigues teniendo clemencia de madre. Pero no te escuchamos ni te sabemos entender. No tenemos conciencia de lo que tú significas para nosotros. Me dueles. Me duele ver cómo te vulneran y cómo te lastiman sin miramiento.
Eres nuestra madre ancestral; nuestra madre originaria; nuestra madre actual y seguirás siendo nuestra madre futura. Nuestra madre permanente, porque de ti nacimos, sobre ti nacimos y porque en ti habitamos y de ti nos alimentamos. Por eso, tú también mereces ser evocada, cuidada, protegida, querida, adorada, venerada, respetada y tenerte fervor, por todo lo que has hecho y nos brindas. Por eso, aunque debería ser una manifestación práctica diaria de todos, hoy también te felicito en este especial día.
Sin dejar de reconocer, enaltecer y valorar en todo lo que vale a nuestra madre biológica directa e inmediata, a quien agradecemos infinitamente por fecundarnos y parirnos, a ti como nuestra madre inicial de la que provenimos todos: humanos, animales y vegetales, te agradecemos infinitamente por darnos la vida y la oportunidad de vivir. Tú eres la que nos has dado vida, sustento y aliento a todos los seres que sobre ti vivimos.
Has creado y han pasado varias generaciones de vida. Han salido de tu vientre los más diversos tipos de vida con las más variadas estructuras y formas anatómicas de vida planetaria; y tú, aquí sigues viva y vigorosa con toda tu magnificencia, imaginación, prodigalidad y virtuosidad dando vida. Gracias y felicidades, madre Tierra.

Manuel Cifuentes Vargas, Doctorante en Derecho por la Facultad de Derecho. UNAM. Miembro fundador de Integridad Ciudadana, A. C.

