Por Iván Arrazola Cortés. Publicado en ContraRéplica.
Una realidad que parece imponerse en el escenario internacional es que la espiral de polarización no solo no se detiene, sino que se profundiza. En este contexto, resurgen viejos fantasmas que muchos creían superados y que hoy vuelven a poner sobre la mesa formas tradicionales —y peligrosas— de hacer política. América Latina vuelve a ocupar un lugar central en esa disputa, no como actor autónomo, sino como territorio estratégico dentro de una lógica de poder cada vez más explícita.
En días recientes, la casa Blanca publicó su nueva Estrategia de Seguridad Nacional, la cual ha sido definida por diversos analistas como una reedición contemporánea de la Doctrina Monroe. En el documento se plantea, de manera directa, la necesidad de “restaurar la preeminencia de Estados Unidos en el hemisferio occidental”, con el argumento de frenar la migración irregular, combatir el narcotráfico y contener el avance de China en la región. El mensaje es claro: América Latina vuelve a ser concebida como un espacio de influencia prioritaria, subordinado a los intereses estratégicos de Washington.
En el ámbito comercial, la estrategia no deja lugar a ambigüedades. El propio documento señala que Estados Unidos busca ser el “socio de primera elección” para los países de la región y que, para lograrlo, desalentará —por diversos medios— su colaboración con otros actores internacionales. Se trata de una visión abiertamente competitiva y excluyente, que reduce la cooperación internacional a una lógica de alineamientos forzados y sanciones indirectas.
Esta postura se refuerza en el terreno militar. La estrategia establece que la presencia estadounidense en la región debe ser más activa, con el objetivo de “proteger la patria” y garantizar el acceso a “geografías clave”. En otras palabras, se normaliza una mayor intervención bajo el argumento de la seguridad, aun cuando la experiencia histórica demuestra que este tipo de políticas ha generado más inestabilidad que soluciones duraderas.
La implementación de esta estrategia ya es visible. Trump ha optado por respaldar abiertamente a líderes políticos que comparten su visión ideológica, como ocurre con Javier Milei en Argentina, Nayib Bukele en El Salvador o Daniel Noboa en Ecuador. En contraste, frente a gobiernos o actores políticos que no se alinean con esta lógica, la respuesta ha sido la presión directa. El caso de Brasil resulta ilustrativo: Trump ha amenazado con imponer aranceles como represalia por el proceso judicial que enfrenta el expresidente Jair Bolsonaro, acusado por su implicación en el intento de golpe de Estado de enero de 2023. La línea entre política exterior y presión política interna se vuelve, así, cada vez más difusa.
En Venezuela, la estrategia estadounidense ha adoptado un tono aún más confrontativo. Ante la profunda crisis política que atraviesa el país, las acciones para interceptar embarcaciones bajo el argumento del combate al narcotráfico han generado una fuerte polarización internacional. Sin embargo, más allá de la controversia, parece evidente que el régimen de Nicolás Maduro ha perdido cualquier margen real de negociación con Washington. La discusión ya no gira en torno a si habrá un cambio político, sino al momento y las condiciones en que éste ocurrirá.
No obstante, el caso más complejo es, sin duda, el de México. En el terreno comercial, el país ya ha resentido la presión estadounidense, particularmente con la decisión de modificar su marco legal para imponer aranceles de hasta 50 % a productos importados de China. Esta medida evidencia el delicado equilibrio que México intenta mantener entre su relación estratégica con Estados Unidos y su creciente vínculo económico con otras potencias.
En el plano político, la relación es aún más tensa. México ha sostenido una postura basada en el principio de autodeterminación de los pueblos, especialmente frente a casos como el venezolano, e incluso se ha ofrecido como mediador entre Estados Unidos y Venezuela. Sin embargo, esta propuesta no ha recibido respuesta alguna por parte de Washington. Más aún, el respaldo implícito de México a ciertos gobiernos latinoamericanos podría convertirse en un foco de conflicto frente a una administración estadounidense que ha adoptado una lógica tajante de “conmigo o contra mí”.
Los tiempos actuales no parecen propicios para posiciones neutrales, y menos aún cuando se trata de gobiernos señalados por prácticas autoritarias, como Cuba, Venezuela o Nicaragua. La histórica condena a la intromisión estadounidense se vuelve más compleja ante la presencia activa de otros actores como China o Rusia, que han encontrado en América Latina un espacio para ampliar su influencia geopolítica.
En materia de seguridad, México ha mostrado cooperación: ha reforzado la frontera, extraditado líderes criminales y realizado detenciones y decomisos relevantes. Sin embargo, hay dos factores que parecen no convencer al gobierno estadounidense. Por un lado, las sospechas de colusión entre actores políticos y el crimen organizado, así como la falta de investigaciones contundentes. Por otro, la resistencia mexicana a permitir una mayor presencia directa de agencias de inteligencia estadounidenses en su territorio.
Hoy, México es el principal receptor de la presión derivada de esta nueva estrategia. Se encuentra atrapado entre una disputa geopolítica global, una confrontación ideológica regional y una relación profundamente asimétrica con su principal socio comercial. Mientras Trump insiste en señalar que México está “controlado por los cárteles”, la realidad es que la economía mexicana depende de manera significativa del mercado estadounidense.
En los próximos meses se sabrá si el gobierno mexicano logra resistir esta presión en un contexto internacional cada vez más hostil. Lo que parece inevitable es que, tarde o temprano, México se verá obligado a definir una postura más clara y a tomar partido en un escenario donde la neutralidad ya no es una opción cómoda, sino un riesgo político en sí mismo.

Iván Arrazola es analista político y colaborador de Integridad Ciudadana A. C. @ivarrcor @integridad_AC

