Por Javier Agustín Contreras Rosales. Publicado en ContraRéplica.

Durante las últimas semanas y bajo el pretexto de que se termina el año y entramos al maratón Guadalupe – Reyes, he tenido la oportunidad de evaluar la situación que se vive hoy en día, no solo en México sino en distintos países, con lo cual he podido corroborar lo que en algún momento se establecía con referencia a la existencia de una desigualdad entre las naciones, concluyendo que la estupidez de los políticos muchas veces es inversamente proporcional al desarrollo socioeconómico y cultural de sus gobernados, siendo ésta, la triste realidad de muchos países, no privativo del nuestro.

Más déjenme definirles qué es la estupidez, porque no faltará quien se identifique de forma casi inmediata, se ofenda, sin antes entender el significado de la palabra; la estupidez, como concepto la debemos de entender como; la incapacidad de hacer las cosas bien y aprender de los errores repitiéndolos de forma cíclica, por lo tanto, cuando hablamos de la estupidez de los políticos o de los gobernantes, nos referimos a la incapacidad de muchos de gobernar correctamente para satisfacer las necesidades de sus ciudadanos, lo cual va de la mano de la sordera y ceguera provocada a muchos al alcanzar el poder.

Este artículo no busca poner en la palestra a ningún político, ellos solitos se identificarán conforme a los resultados de sus gestiones y las realidades que no publican, ni para prender hogueras y quemar a los culpables, sino para hacer evidente que los retos que se presentan en la actualidad van más allá de un simple discurso ideológico, o el auto engaño con mítines oficialistas.

Este artículo busca que todo aquel que lo lea, se detenga, reflexione, evalúe y vea que camino se está trazando, no solo para el futuro inmediato sino a largo plazo, ya que muy independientemente de cualquier percepción que se tenga de un político, existe una base ciudadana que lo soporta, ya sea por intereses económicos o simple apatía a lo que sucede día a día.

Esto no es en contra de un gobierno y sus representantes, sino a favor un llamado a la congruencia, donde el aplaudir una gestión pública signifique infraestructura y servicios de calidad, crecimiento en el desarrollo humano de los ciudadanos.

Hoy en día tanto gobierno como los representantes de las minorías se han enfrascado en una guerra de descalificaciones, donde ninguna de las partes tiene la cordura de darle un giro a la situación, con propuestas, como el hecho de evaluar los apoyos sociales y establecer normas claras que determinen su repartición conforme a la necesidad real del grupo social al que busca beneficiar, eliminando la generalidad de muchos para hacerlos objetivos e incidan en la población.

Qué grande podría ser el poder plasmar dentro de las columnas de opinión, las grandes cosas que desarrolla el gobierno, por desgracia la falta de seguridad jurídica, que ahuyenta la inversión, provocando la salida de industrias del territorio nacional y por lo tanto la pérdida y/o disminución de creación de fuentes de empleos formales, mejor remunerados, la inseguridad en las calles, el mal estado de la infraestructura urbana en gran parte del país, no me permite aplaudir, aun cuando en el discurso se diga que todo va bien.

Javier Agustín Contreras Rosales. Colaborador de Integridad Ciudadana AC, Contador Público, Especialista en Instituciones Administrativas de Finanzas Publicas, Maestro en Administración Pública @JavierAgustinCo @Integridad_AC